Periódico Sierra Maestra

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Coloquio con la nieta del general

rabiMaría Antonia Rabí se recuesta en el balance y se deja llevar por los recuerdos, al fondo, coronando una pared está la foto del abuelo, que le trae pensamientos que galopan en su mente como caballería mambisa. Los ojos fijos en la puerta de salida como si esperara una visita que nunca llega mientras el pasado se va adueñando poco a poco de cada espacio.

Las luces opacas de la tarde desatan su ofensiva sobre los blancos cabellos de la nieta del General Rabí y la sangre patriota se hace presente en cada una de las palabras que utiliza para que no se le escape ningún detalle de una historia tan real como las tres estrellas de oro que ostenta el abuelo en la fotografía de la pared del fondo.

Sin importar la perdida de luz natural provocada por la victoria del ocaso, con orgullo se expresa la nieta directa del General Jesús Sablón Moreno y nos introduce en una historia que comienza con la adopción del apellido Rabí, por el sobrenombre con que se identificaba el padre del general.

El héroe mambí nació en el término de Jiguaní, antigua provincia de Oriente, el 24 de junio de 1845 y el 13 de octubre de 1868, exactamente tres días después del Grito de Yara, se incorpora como soldado a la tropa de Donato Mármol. El día 15 entra por vez primera en combate y el 26 está junto al General Máximo Gómez en su famosa primera “Carga al machete” en Pino de Baire.

En 1896 Rabí es ascendido a mayor general y en 1898 bajo las órdenes de Calixto García, fue el segundo jefe de la agrupación de tropas que se creó con vistas a la Campaña de Santiago de Cuba. Murió en la ciudad de Bayamo, el día 6 de diciembre de 1915, en el anonimato al igual que tantos otros héroes cubanos. Su cadáver se encuentra en el cementerio del poblado de Baire, donde descansa eternamente flanqueado por una legión de valerosos mambises.

Los Generales Rabi 58 años Lora y Fernández de CastroUna de las anécdotas que María Antonia Rabí cuenta con lágrimas en los ojos, fue también publicada en el Periódico “El Fígaro” de fecha julio 26 del año 1903 y se mantiene vigente en la memoria de la nieta del General.

“Eran las primeras horas del día aquel en cuya víspera se librara el tremendo combate del Cacao, cerca de Manzanillo, famoso en los fastos de la guerra de independencia. Las fuerzas del General Rabí habían destrozado la columna española y hecho surgir un héroe, el médico militar Orad, a quién su comportamiento abnegado le valiera la cruz laureada de San Fernando.

Orad no se retiró del campo de batalla, herido en un pie, se dedicó a curar los heridos en un campamento improvisado. La situación de Orad y sus compañeros era desesperada, pues carecían de alimentos y tardarían mucho los suyos en poder facilitárselos.

Aquella mañana apareció en el campamento español una anciana ofreciendo sus servicios de parte del General Rabí y siendo portadora de cincuenta gallinas para los heridos, se presentó a Orad, le dijo a lo que iba, y regresó serena y tranquila, sublime en su generosa sencillez.

“Yo soy la madre del General Rabí, y es él quien me envía”. ¿No necesita comentario este acto espartano? Orad lo contó conmovido, públicamente, en el banquete con que sus compañeros de la sanidad española le obsequiaron a su arribo a la capital de la isla.

María Antonia Rabí, entre tantos documentos que guarda con pación desmedida, nos entrega además un recorte del periódico “Juventud Rebelde” de fecha 25 de junio del año 2004, que con el título de “Ese negro es un héroe” publicara el prestigioso periodista cubano Ciro Bianchi Ross.

“La escena tiene lugar en el café El Cosmopolita, en la Acera del Louvre, sobre el Paseo del Prado. Sentados a una de las mesas varios jóvenes blancos, de distinguida presencia y elegantísimos con sus trajes a la última moda, escuchan con avidez el relato de un negro que puede triplicarles la edad.

Avivado por la curiosidad de sus interlocutores el hombre evoca a Antonio Maceo y a Calixto García, alude a tiempos en los que mandaba la escolta de Carlos Manuel de Céspedes y detalla el ataque al Caney y la batalla de la Loma de San Juan, de los que fue protagonista.

Quien habla es el Mayor General Jesús Rabí, un combatiente de las tres guerras por la independencia de Cuba que no quiso ocupar cargos públicos durante la intervención militar norteamericana y que ahora, en la República, vive de un puesto de inspector de Montes y Minas. Uno de los jóvenes que escucha con atención es Alberto Yarini, El Rey, el más grande y famoso de los chulos cubanos de todos los tiempos.

Aquella tarde en el café El Cosmopolita de la Acera del Louvre, en el famoso Prado habanero, lugar donde conversaba con un grupo de jóvenes, dos extranjeros, desde una mesa cercana, hacían burlas al patriota negro. Yarini se percató de ello y pidió al grupo trasladarse a otro sitio. Ya fuera del café, volvió sobre sus pasos y se acercó a los dos extranjeros. En perfecto inglés les dijo: ¡Ese negro es un héroe de mi país y hay que respetarlo!

Entonces, sin pensarlo mucho, se echó hacia atrás como buscando impulso, levantó rápido el brazo derecho y proyectó el puño una, dos, tres veces, contra el rostro del que más se había burlado del cubano. Al día siguiente los periódicos habaneros anunciaban que en la Acera del Louvre un joven distinguido y de buena familia le había roto la nariz y la mandíbula, nada más y nada menos que al Encargado de Negocios de la Embajada Norteamericana en La Habana.

Visiblemente conmovida, la nieta del General Rabí se deja llevar por los recuerdos, la tarde se ausenta y la foto del mambí sigue dominando desde la pared del fondo. María Antonia nos despide con la fe motivada por la seguridad de que el recuerdo de su abuelo y de otros muchos héroes que pusieron el amor a su Patria por encima de sus intereses personales, no morirá nunca mientras en Cuba sigan naciendo corazones mambises.

(Fuentes: Periódico “El Fígaro” 26 de julio- 1903. Ciro Bianchi Ross. “Ese Negro es un héroe”, Periódico Juventud Rebelde – 25 de julio 2004)

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