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Ciro Redondo: CORTA VIDA, SUEÑOS CUMPLIDOS

ciro redondo

Quiero hablarles de un joven cubano, que hace seis décadas fue abatido por balas enemigas en el combate de Mar Verde, en la Sierra Maestra, el 29 de noviembre de 1957.


Trunco quedaron los sueños de juventud del segundo hijo de Evaristo Redondo y Clara García, a quien pusieron por nombre Ciro, cuando un 9 de diciembre de 1931 vio la luz en una humilde casa de la calle Tres, en el entonces municipio habanero, hoy provincia de Artemisa.
De fuerte pero alegre carácter, este adolescente era enemigo de las injusticias y por eso, ante el cuartelazo del 10 de marzo de 1952, que perpetrara el dictador Fulgencio Batista, se unió a unos amigos para enfrentar de inmediato a la dictadura.
Atrás quedó el trabajo y la familia cuando en julio de 1953, Ciro y otros jóvenes de Artemisa marcharon para participar en el asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba.
Tras la orden de retirada, permaneció varios días en los alrededores de la ciudad, y por una delación, fue tomado prisionero y condenado a diez años en la Causa 37; cumpliría solo 22 meses en el Presidio Modelo, en Isla de Pinos. Amnistía decretada para él y sus compañeros, después de la presión que ejerció el pueblo sobre la tiranía de Fulgencio Batista.
“Vine con la firme convicción de que nuestro ejemplo, en caso de que no triunfáramos, iba a ser beneficioso para Cuba”, fue la sentencia de Ciro Redondo en las declaraciones ofrecidas en la vista del juicio, celebrado en el antiguo Hospital Civil santiaguero.
“Vine por voluntad propia, vine a acabar con Batista y si veinte veces tuviera la oportunidad, 20 veces lo haría” -añadió el joven revolucionario.
Ya liberados en mayo de 1955, para Ciro y otros revolucionarios cubanos el exilio en México fue otro momento decisivo; integrar el Movimiento 26 de Julio, entrenarse militarmente para formar el primer contingente guerrillero que derrocaría la dictadura Batistiana, fueron entonces imperativos.
Llegaba el anhelado regreso a Cuba, entre los 82 expedicionarios a bordo del yate Granma estaba Ciro, y aunque el mal tiempo no les permitió su entrada el 30 de noviembre de 1957, días después, junto a sus compañeros de travesía, dejaban escritas en la Sierra Maestra páginas gloriosas de nuestras luchas.
El 2 de diciembre de 1956, desembarcaba en Cuba el “Granma”, y Ciro fue uno de los soldados que sobrevivieron o no fueron detenidos en la emboscada de Alegría de Pío. Días después del desembarco se internó junto a Raúl Castro y otros compañeros en un cañaveral de la zona.
Para entonces, el 9 de diciembre, cumplía sus 25 años, y Raúl, hoy General de Ejército, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministro y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, escribía en su diario: “Hoy fue el cumpleaños de Ciro, brindamos con caña”.
El asaltante del Moncada y expedicionario del Yate Granma, uno de los doce hombres que lograron reunirse para iniciar la lucha por la libertad de Cuba estuvo allí, en los combates de La Plata, Arroyo del Infierno, Altos de Espinosa, El Uvero, El Hombrito y otros; por su valor y condiciones de mando fue designado como uno de los cuatro lugartenientes de la columna comandada por el Che Guevara.
Tras un año de lucha en la Sierra Maestra, el joven cae en una emboscada en el combate de Mar Verde; para entonces, el Che informaba “murió de un balazo en la frente en una acción realmente heroica”.
Para entonces, Fidel proclamó que “considerando las virtudes de valor, disciplina y capacidad (se disponía) su ascenso póstumo al grado de Comandante del Ejército Revolucionario desde esta fecha, que marca el primer aniversario de la gesta libertadora”.
Meses después, cuando se organizó la Octava Columna al mando del Che Guevara con la misión de dirigirse hacia el Escambray, se bautizó con el nombre de "Ciro Redondo"; como para hacer cumplir la sentencia que dice: Honor a quien honor merece.
Cada vida cercenada por las dictaduras imperantes antes del triunfo revolucionario de Enero de 1959, es para el pueblo cubano una herida que aún sangra. Hoy las nuevas generaciones recorren un camino diferente, jóvenes como Ciro, tienen el privilegio de estudiar, trabajar y amar en una Patria libre; 60 años después de su caída, su vida quedó trunca, pero sus sueños de Revolución cumplidos.

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