Periódico Sierra Maestra

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"Había que hacerlo por la Patria"

Nery y Rene

Hace aproximadamente un año el azar me condujo hasta Maceira, El Cristo, Santiago de Cuba. Allí, en el portal de una modesta y acogedora vivienda, había una pequeña mesa, encima una foto de Fidel vestido de pelotero y sonriente; al lado un ramo de flores del jardín propio. Habían pasado apenas dos semanas de la desaparición física del Líder Histórico de la Revolución Cubana.


Entonces no sabía que llegaba a la casa de dos combatientes de la lucha revolucionaria, quienes desde diferentes territorios dedicaron y apostaron su vida al triunfo definitivo.
Él, desde muy joven integró el Partido Ortodoxo, porque “me llamó la atención la frase Vergüenza contra dinero”; ella, en la capital, se integró al Movimiento 26 de Julio.
En el primer encuentro les propuse vernos nuevamente para recordar aquellos años. Este martes cumplí lo prometido.
René Martínez Blez, más conocido como Mayarí, de 86 años y Nereyda Hernández García, de 83 estaban listos para la entrevista.

Rene Martinez combatiente
Los recuerdos afloraron con facilidad a pesar del paso de los años. Mayarí se inició en un grupo de jóvenes no organizados, después lo hizo a través de la célula del Movimiento 26 de Julio, y su jefe era Alfredo Acosta.
Las tareas eran claras. Con pasión narra cómo colocaban petardos y desarmaban a los guardias de la tiranía, pues ellos apenas disponían de armas y era la manera de apoderarse de estas. Refiere que en los días previos al 30 de Noviembre, Levantamiento Armado de la ciudad de Santiago de Cuba, la labor se intensificó, sobre todo en el traslado de armas. El 29 se acuartelaron en Calle 6 del reparto Sueño, donde vivía una tía.
“Avanzada la madrugada –dice- me mandaron con otros compañeros a cumplir una tarea, de regreso vimos que había militares en la cuadra y salimos hasta Garzón, en las primeras horas de la mañana, ya se sentía el tiroteo en lo que es hoy el preuniversitario Cuqui Bosch.
“También habían ocurrido el asalto a la policía marítima y a la sede de la Policía en el Intendente. Nos dispersamos. Uno de los hermanos Rosell y yo dimos la vuelta por el 30 de Noviembre y entramos al reparto Zamorana por detrás. Luego me refugié en una casa en la calle Primera”...
Hace un alto en la conversación, y dice “ahora río, pero fue muy duro... supe que estaban registrando en esa zona, crucé un muro y me tiré al patio de una casa; recuerdo que había una anciana sentada y otra señora que creo era la hija; cuando llegó la patrulla, dijeron que todos los de la familia salieran y yo salí con ellas, así salvé la vida.... Se la debo a estas dos santiagueras....; a un compañero que llamábamos Vivino, lo mataron ese día, pues él siguió por otro patio y los dueños pensaron que era un ladrón y lo delataron...”.
Su quehacer clandestino se intensificó y en 1958 es hecho prisionero al ocuparle armas. Supo lo que eran los calabozos del Moncada, “con paredes llenas de sangre, mal olientes; allí insistían en saber quién era mi jefe y dije que era de La Habana, por eso me trasladaron hacia allá. Ese día también se llevaron en el avión militar a Armando Hart y a Felipe Paso; después del triunfo vi unas imágenes en el televisor y reconocí a Hart, hasta ese momento no sabía quién era”.
Para esa fecha ya Nery había entrado en su vida, ellos se conocieron en San Benito de Mayarí, pero las circunstancias los separaron. Ella se mudó a La Habana para la casa de una tía, donde se hizo efectiva su incorporación al Movimiento 26 de Julio, bajo las órdenes de Pedro Aguilera, quien estuvo al frente del asalto al cuartel de Bayamo en julio de 1953.
Nery también aportó una intensa actividad clandestina en La Habana. Me narra entre los sabotajes organizados, el corte del servicio de gas colectivo en la madrugada; cuando se paraba frente a la Universidad a recoger papeles comprometedores y los trasladaba sin llamar mucho la atención...“había que hacerlo mi’ ja, por la patria”.
Cuando René llega a La Habana como prisionero le envía mensajes a Nery y esta se pone en contacto con él. En enero del 59 es liberado y aunque le proponen quedarse en la capital a trabajar, deciden venir para Santiago de Cuba y viven en la casa de los padres de René en Mayarí.
Entre recuerdos, me dice que teme dejar de mencionar a compañeros de lucha pues los años no perdonan y la memoria falla. Aún así evoca a Agustín Navarrete, a Félix Pena, y a Carlos Iglesias (Nicaragua)...
Los años se sucedieron. Él trabajador de la construcción, en almacenes y una brigada móvil que edificó obras en varias zonas. Ella, como voluntaria en la salud para atender niños, pues los primeros meses no había dinero para pagarle, después el salario era de 50 pesos; luego en una atelier y finalmente en el politécnico Lenin, de El Cristo. Así terminaron sus años laborales.
Las emociones se entrecruzan, afloran momentos inolvidables para René: participar en el acto por el 25 aniversario del Triunfo de la Revolución y el título honorífico de Héroe de la República de Cuba; recibir varias medallas que otorga el Consejo de Estado: la de los 30,40, 50 y 60 años de Victoria, así como la “Armando Mestre”, máxima distinción del Sindicato de la Construcción.
La tarde va llegando a su fin, las anécdotas de estos dos santiagueros se entrelazan, uno ayuda al otro a recordar pasajes de su vida, queda mucho por decir, pero lo más importante es que ya en la jubilación, y casi desde el anonimato, pues ella nunca testificó su labor para integrar la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, y él como miembro activo, tienen disposición y energías para seguir apostando por esta Revolución que vieron nacer.
A Nery le resulta imposible contener las lágrimas de emoción cuando me muestra, en uno de los reconocimientos que avalan su trayectoria, la firma de Fidel Castro, ella no acepta su ausencia física. Por eso ambos eternizan desde su portal y en sus corazones al líder.

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