Periódico Sierra Maestra

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Paradigma de todos los tiempos

pablo de la torriente

Los periodistas cubanos tenemos una eterna deuda con un hombre que a pesar de no haber nacido en esta tierra, era cubanísimo si de defenderla se trata.


Su nombre, Pablo de la Torriente Brau; quien nació en San Juan, Puerto Rico, un 12 de diciembre de 1901 y decidió morir también en diciembre, pero un día 19 de 1936.
Como universal, no lo hizo ni en su tierra natal ni en la Cuba donde creció y se forjó no solo como periodista, también como luchador antiimperialista. Fue en Majadahonda, provincia de Madrid, donde cayó en combate, en plena Guerra Civil Española.
Los escritos de la época al hablar de su legado histórico relatan que acudió como corresponsal de varias publicaciones de América Latina y Estados Unidos, pero luego asumió otras funciones políticas en un batallón, donde muere combatiendo durante la heroica defensa de Madrid, como comisario de las Brigadas internacionales que se unieron a la lucha de España contra el fasismo.
Muchos no conocen del destacado escritor y periodista 'cubano', del líder revolucionario e intelectual, del mayor cronista de su época; quien con su lenguaje transformó, renovó la comunicación, incorporando la riqueza del habla popular y la agudeza del humor a sus escritos. Abordando también, trascendentales temas humanos, que hicieron que su obra fuera representativa de la vanguardia cubana, y él, de los más altos exponentes del periodismo en el siglo XX; considerado además, el padre del género testimonio en Cuba.
Pero no solo fue brillante con la pluma en ristre, también exigió la libertad de Julio Antonio Mella cuando realizaba una huelga de hambre; cultivó una estrecha amistad con Rubén Martínez Villena; batalló contra la dictadura de Gerardo Machado, denunciando los crímenes del gobierno, las injusticias de la vida republicana; integrando el Directorio Estudiantil Universitario en 1930, para luchar contra el tirano, hasta caer herido en los sucesos del 30 de septiembre de ese mismo año. Posteriormente Pablo es detenido y luego prisionero por alrededor de un año en el llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos.
Quién podría dudar que es hijo de Cuba, aquel que desde las páginas del periódico Ahora hizo pública la explotación sufrida por los campesinos del Realengo 18 y desde México, en el exilio, denunció el asesinato de Antonio Guiteras y Carlos Aponte.
Bastaría solo comentarles este pasaje para conocer de su olfato periodístico acucioso y certero. Hacia junio de 1936 -poco antes de morir- desde Nueva York Pablo envía a su amigo Raúl Roa un ensayo titulado Algebra y política, que no se publicó hasta 1968.
En él ofrece una descripción del coronel Fulgencio Batista, hacia los años treinta, tan acertada que pareciera presagiar el futuro, una fotografía anticipada de lo que ocurrió por la década del cincuenta.

“Si le negamos esto que se llama el valor personal, no le podremos negar a Batista otras condiciones de leader: tiene imaginación de taquígrafo, es decir, descifra con rapidez un signo confuso; sabe apoyarse en reglas generales; tiene por otro lado, condiciones de demagogo; es orador y proyectista; conoce el secreto de la sonrisa y del brazo en alto; construye, roba y se pule. Desde otro ángulo, sin duda es inteligente y astuto; probablemente, tiene complejo de superioridad con respecto a sus otros coroneles y con respecto a los revolucionarios que ha tratado. En caso de una revolución, si le dan tiempo, pertenece a los que tendrían preparado el avión para huir”. Sin duda, retrató al tirano.
Para los apasionados del mundo de las letras Pablo es una figura singular. Siempre alejado de la retórica, siempre original y con especial sentido del humor; en verdad ni el confinamiento en el Presido Modelo amargó su escritura; una de sus epístolas da fe de esto.
En correspondencia enviada a Pedro Capdevila, compañero del bufete de don Fernando Ortiz y su amigo, tras recibir en el Presido Modelo una remesa dice:
“–Oh espectáculo sorprendente!– un tremendo paquetón conteniendo papeles, sobres, ¡un queso!, ¡dos barras de guayaba!, ¡dulce de leche, maní, turrón de no sé qué extraña sustancia! ¡y –sobre todo– dos boniatillos seráficos! ¿A qué se debe tamaña locura? Lo de los papeles me lo explico, pero lo otro aún me está maravillando. Ya le metí el diente a todo, por si me muero antes de la comida, y notifícale a quien quiera que sea el locadio que haya hecho esto, que mi agradecimiento será eterno, aun cuando mañana ya no quede nada... nada! ¡Oh el ruido de las aguas!”...

El único varón entre 4 hermanas, fruto del matrimonio de español, Félix de la Torriente Garrido y la puertorriqueña, Graciela Brau Zuzuarragui, tras realizar sus estudios primarios en las Escuelas Internacionles de El Cristos, comienza la segunda enseñanza en 1015 en el Colegio Cuba y los continúa en el Instituto de Santiago de Cuba.
Tierras santiagueras conocieron de las pericias de Pablo, toda Cuba supo de su incesante escribir; el periódico El Nuevo Mundo; la revista El Veterano, donde ejerció como redactor, cobrador, repartidor y agente de publicaciones; la revista Alma Máter; Revista de la Habana, y el periódico Ahora, mostraron a un hombre esplendoroso de las letras, que este Diciembre, a 116 años de su natalicio y en el 81 aniversario de su muerte, sigue siendo paradigma entre los periodistas cubanos de todos los tiempos.

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