Periódico Sierra Maestra

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Subir y bajar lomas en Santiago de Cuba

calle habana santiago de cubaEn Santiago de Cuba muchas de sus calles suben y bajan por lomas, y son ya empinadas o en bajante,  onduladas, retadoras o resbaladizas, lo cual es imposible de ignorar por el nativo y sus visitantes.

La otrora villa con casi cinco siglos, nació en un entorno rocoso entre el Mar Caribe y la cordillera de la Sierra Maestra, con las mayores elevaciones de la Isla: el Pico Turquino -mil 974 metros sobre el nivel del mar-,   Pico Cuba, de mil 872 metros, y el Pico Suecia, con mil 734 metros.

Rodeada por esa caprichosa topografía apegada a la bahía de bolsa del suroriente, la ciudad se enseñorea entre el mar y las montañas para dejar ver desde sitios del centro fundacional o no, convertidos en miradores naturales, el paisaje urbano y otros allende las principales carreteras y Autopista.

El español Diego Velázquez creó la villa cuando sus primeros habitantes se asentaron en un espacio frente a la ensenada con forma de herradura, que era un extenso valle rodeado por un sistema de cordilleras que conformaban un anfiteatro natural.

Desde entonces paisaje y ciudad se abrazaron  de manera indisoluble reconociéndose uno al otro, tanto al desarrollarse el trazado de la urbe como la disposición de los espacios públicos y los modelos edificatorios.

La localidad caribeña cuenta con un sistema de tres terrazas que alcanzan, en la   más alta, los 59 metros sobre el nivel del mar; la primera, desde la línea costera hasta los 15 metros de altura en la calle conocida por Gallo, ahora  Diez de Octubre.

Un segundo nivel, de 15 a 42 metros, ubica miradores naturales de más celebridad en la zona de la Beneficencia,   Balcón de Velázquez y T, ivolí, tradicional barrio con imágenes genuinas de la geografía santiaguera, tejados rojos, mar azul y el verde de las elevaciones.

Del tercero -hasta 59 metros- son la otrora vía Saturnino Lora o calle Nueva, donde desde cualquier punto se domina el paisaje fundacional, para definir techumbres, balcones, iglesias y, al final, perder las miradas entre  el gran azul y las serranías.

Aunque se extendieron sus límites iniciales,   sigue siendo la ciudad de las lomas, en la que,  en resumen,   en subida o bajada arrecia un calor sofocante, arde el sol y se escuchan pregones por doquier.

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