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HOY SÍ SE PUEDE SALIR DE “SALSIPUEDES”

El primer Historiador de la Ciudad de Santiago de Cuba, según nombramiento del Ayuntamiento, fue Raúl Rómulo Liborio Ibarra Albuerne (1901-1966).

A Raúl Rómulo se deben crónicas exquisitas, además, sobre el nombre de las calles santiagueras, que Mayla Acedo Bravo trabajó en una edición anotada, con prólogo, compilación y notas de ella, que publicó Ediciones Caserón, de la Uneac, en 2017.

En ese libro, “Nuestras calles”, hay para recrearse, especialmente  por la forma tan amena con la que Ibarra va describiendo detalles que atrapan al lector, desde el principio.

Y es el caso, por citar uno, la referencia que el autor hace de la tan llevada y traída historia del callejón Salsipuedes, con un aspecto adicional que aún llama la atención de ciertos transeúntes conocedores: un error.

En 1939 el Ayuntamiento, quizás porque a alguien no le gustaba el nombre tan peculiar de ese tramo de calle, lo cambió y le puso General Higinio Marrero, lo que constituyó un doble error: primero, porque aún hoy en 2020, la gente le sigue llamando Salsipuedes, y segundo, porque no hay ningún general de la Independencia con ese nombre sino Remigio Marrero y Álvarez, a quien Ibarra califica por los méritos que ganó el patriota, como un bravo soldado de la lucha contra el colonialismo español.

En verdad no conocemos si el disparate ha sido cambiado por el nombre correcto. Al menos hasta no hace tanto seguía allí. Ibarra añade en su crónica, que Marrero y Álvarez nació en Holguín el 1 de octubre de 1826 y murió allí 90 años después, en agosto de 1916.

Lo mejor, sin embargo, lo reservó el Primer Historiador de Santiago de Cuba para abordar el tan conocido nombre del callejón,  que con enorme popularidad dura hasta nuestros días.

Agrega el autor,  que en la era colonial quisieron ponerle San Miguel, y nada; que la vía comienza en Calvario, “a mediados de la cuadra entre Habana y Maceo, se extiende hasta tres cuartas partes de la manzana y luego, casi a mediados de su extensión, hace una escuadra y desemboca en Maceo. Antes no llegaba hasta Maceo, porque había una cuartería que cerraba la calle, y, naturalmente, el que entraba en el callejón tenía que regresar a la calle Calvario, y era un verdadero entra y sale, que le valió su nombre popular y gracioso”. En fin, cosas de este Santiago de Cuba que a cinco siglos y cinco años de ser villa (1515) y luego ciudad  (1522) sigue asombrando a santiagueros y visitantes.     

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