Periódico Sierra Maestra

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SITIO PARA CORTAR DEDOS Y MANOS

FOTO PIC 2El pasado 10 de octubre, en ocasión de la apertura de la Jornada por la Cultura Cubana, el popular Parquecito Serrano sirvió como escenario a una exposición de instrumentos de la época colonial, utilizados para martirizar a los esclavos. El sitio no fue escogido al azar para hacer la muestra.

Cuando en 1950 fue emplazado allí un monumento del escultor Ramos Blanco, con los bustos de los abolicionistas Rafael M. Labra, Juan Gualberto Gómez y Miguel Figueroa, la gente llamó al grupo escultórico Monumento a la Raza.

Entonces, ningún lugar mejor para exhibir cepos de pies y manos, grilletes, y hasta el tronco (y el hacha) donde las autoridades españolas cortaban  dedos y manos -y quizás alguna cabeza- a esclavos y malhechores.

Es interesantísima la historia del área: es la plaza más antigua de la ciudad, solo superada en este aspecto por la Plaza de Armas (Parque Céspedes); allí estuvo en 1639 la carnicería pública con su pequeña plaza, donde el Cabildo vendía carnes. En 1649, al permitirse vender carnes a particulares en la localidad, el lugar asumió una función tétrica: sitio para castigar esclavos y malhechores.

FOTO PIC 4Los azotados en exhibición pública, eran amarrados a un palo. Pero después las autoridades colocaron el referido tronco, donde el verdugo trozaba dedos y manos a los ladrones. El pueblo lo llamó Plaza de la Picota pero con el tiempo el nombre se perdió porque ya en el lugar no se martirizaba a nadie.

En 1862 se terminó en el área un parque con todas las de la ley, bautizado por el Ayuntamiento como General Serrano, porque en ese momento Don Francisco Serrano era capitán general del archipiélago; luego de la derrota hispánica se llamó Parque Rafael M. Labra, para enaltecer la memoria de quien tanto combatió la esclavitud. Aun así y quizás para “suavizar” su decisión, la población sigue llamando al lugar Parquecito Serrano.

Y qué interesante: especialistas del Museo Bacardí  aseguraron que el tronco de los martirios exhibido en el “Rafael M. Labra” es el original que usaban las autoridades hispánicas.

Tal afirmación la sustenta la fama de las maderas cubanas, por ejemplo, la de caoba es la segunda mejor del mundo, solo adelantada por la de República Dominicana; la de cedro es insustituible para muebles y cajas de tabaco; el ébano cubano es lo mejor para esculturas, y si de madera dura y pesada se trata también están el guayacán, el caguairán, el roble prieto, el sabicú… Hasta el majestuoso El Escorial del siglo XVI en España, fue construido y amueblado con buena parte de maderas preciosas cubanas, exigidas por el rey Felipe II. Y qué decir de las naves de la famosa flota hispana, incluido el “Nuestra Señora de la Santísima Trinidad”.

Así que el tronco de los suplicios exhibido en el Parquecito Serrano, perfectamente puede ser el original; quizás sea madera de guayacán, una de las más duras de Cuba y el mundo, cuya fibra tan densa y su resina, hacen que esas piezas duren siglos.

Cuando en 1950 fue emplazado allí un monumento del escultor Ramos Blanco, con los bustos de los abolicionistas Rafael M. Labra, Juan Gualberto Gómez y Miguel Figueroa, la gente llamó al grupo escultórico Monumento a la Raza.

Entonces, ningún lugar mejor para exhibir cepos de pies y manos, grilletes, y hasta el tronco (y el hacha) donde las autoridades españolas cortaban  dedos y manos -y quizás alguna cabeza- a esclavos y malhechores.

Es interesantísima la historia del área: es la plaza más antigua de la ciudad, solo superada en este aspecto por la Plaza de Armas (Parque Céspedes); allí estuvo en 1639 la carnicería pública con su pequeña plaza, donde el Cabildo vendía carnes. En 1649, al permitirse vender carnes a particulares en la localidad, el lugar asumió una función tétrica: sitio para castigar esclavos y malhechores.

Los azotados en exhibición pública, eran amarrados a un palo. Pero después las autoridades colocaron el referido tronco, donde el verdugo trozaba dedos y manos a los ladrones. El pueblo lo llamó Plaza de la Picota pero con el tiempo el nombre se perdió porque ya en el lugar no se martirizaba a nadie.

En 1862 se terminó en el área un parque con todas las de la ley, bautizado por el Ayuntamiento como General Serrano, porque en ese momento Don Francisco Serrano era capitán general del archipiélago; luego de la derrota hispánica se llamó Parque Rafael M. Labra, para enaltecer la memoria de quien tanto combatió la esclavitud. Aun así y quizás para “suavizar” su decisión, la población sigue llamando al lugar Parquecito Serrano.

Y qué interesante: especialistas del Museo Bacardí  aseguraron que el tronco de los martirios exhibido en el “Rafael M. Labra” es el original que usaban las autoridades hispánicas.

Tal afirmación la sustenta la fama de las maderas cubanas, por ejemplo, la de caoba es la segunda mejor del mundo, solo adelantada por la de República Dominicana; la de cedro es insustituible para muebles y cajas de tabaco; el ébano cubano es lo mejor para esculturas, y si de madera dura y pesada se trata también están el guayacán, el caguairán, el roble prieto, el sabicú… Hasta el majestuoso El Escorial del siglo XVI en España, fue construido y amueblado con buena parte de maderas preciosas cubanas, exigidas por el rey Felipe II. Y qué decir de las naves de la famosa flota hispana, incluido el “Nuestra Señora de la Santísima Trinidad”.

Así que el tronco de los suplicios exhibido en el Parquecito Serrano, perfectamente puede ser el original; quizás sea madera de guayacán, una de las más duras de Cuba y el mundo, cuya fibra tan densa y su resina, hacen que esas piezas duren siglos.

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