
En Santiago de Cuba, la prevalencia de la malformación congénita de labio y paladar hendido, ha disminuido con respecto a años anteriores; no obstante, su presencia es de 0,8 a 1 por cada mil nacidos vivos. Aunque generalmente se manifiesta más en varones, en nuestro territorio la proporción es equivalente para ambos sexos.
Uno de los tratamientos que más se utilizan en estos casos es la cirugía. Al respecto el Dr. Sergio Paultre Rivas, cirujano maxilofacial especialista de segundo grado del Hospital Infantil Sur “Antonio María Béguez Cesar”, y profesor consultante de la Facultad de Estomatología, argumentó:

“Aquí en Santiago de Cuba hemos practicado la cirugía neonatal en niños de 5, 7, 15, y 45 días de nacidos de manera experimental, porque se dice que hay una cantidad de estrógenos circulando que ayudan a mejorar la plasticidad de las estructuras y evitan cicatrices visibles.
“Pero esta cirugía neonatal tiene desventajas, entre estas: que es un niño que ha llegado del claustro materno donde lo ha adquirido todo y se enfrenta al medio, y las estructuras no están bien desarrolladas por lo que no se definen con elevada precisión, de modo que hay que trabajar con mayor rapidez. Eso sin contar que un salón de operaciones siempre es riesgoso para cualquiera.
“Por eso nosotros preferimos asumir las prácticas más frecuentes en el mundo, donde la cronología de tratamiento en cuanto a lo quirúrgico es de tres a cinco meses, pues las estructuras están mejor definidas y uno trabaja con más precisión. Es una cirugía compleja (queilonasoplastia funcional y palatoplastia funcional): no es cerrar la herida o la brecha, hay que reposicionar todas las estructuras a la normalidad, tanto piel, músculos, cartílagos...
“De no ser así se agravan con el tiempo, y la funcionalidad de los músculos es de gran importancia. Entonces cerramos la porción anterior en edades tempranas entre los tres a cinco meses, el paladar blando a los seis meses, y el paladar duro a los 14 -18 meses. Lo hacemos así buscando el menor daño y la eficacia muscular.
“Casi nunca es una sola operación, porque según los niños y niñas vayan creciendo, los defectos se vuelven a corregir; a veces son tan mínimos que ni el mismo paciente desea operarse nuevamente. Esta es una patología que deja algunas secuelas: se ve, se oye y se siente.
“Por un lado, queda en la mayoría de las ocasiones una cicatriz, una pequeña deformidad; los niños con frecuencia presentan voz nasal y dificultad en el habla; pueden padecer también anemia, desnutrición, trastornos respiratorios, otitis; y además se ven privados de hacer muchas cosas en el ambiente que les rodea, por lo que suelen tener problemas de adaptación social al medio”, dijo el doctor Paultre.
De este modo, lo que en principio es un simple defecto de cierre, que no afecta directamente las funciones vitales, se convierte en un drama para las familias, y puede convertir a un bebé con las mismas necesidades de cariño que los demás en objeto de rechazo, incluso por sus propios padres.
Por eso hacemos un llamado a la aceptación, a la comprensión y la ayuda comenzando desde las familias, la escuela y la comunidad, en aras de que estos infantes no sufran de baja autoestima y puedan integrarse a la sociedad al igual que el resto.