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Del delegado y su razón de ser

Categoría: Santiago de Cuba Escrito por ROKE VILA Visto: 337

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Después de la segunda vuelta de las Elecciones Generales  se hace necesario destacar el papel del elegido por las masas, el representante de nuestro sistema democrático, el delegado de todos, encargado de escuchar, apoyar y tramitar.

Aquella persona que sin dejar de ejercer su oficio, o su profesión; sin apartarse de su genuina condición de campesino o de jubilado, de estudiante, o de militar; sin descuidar sus quehaceres domésticos como ama de casa, y lo más importante, sin recibir ninguna remuneración económica adicional a la que obtiene por su oficio o profesión, se encarga de representar los intereses colectivos.

Muchas veces es incomprendido por los electores, que exigen de acuerdo con sus necesidades, pero que desconocen el verdadero papel del delegado, que desde el surgimiento mismo de los órganos locales del Poder Popular, sus funciones quedaron claramente definidas en los documentos que rigen su labor.

El delegado es el representante de sus electores, de la población que lo eligió y le compete ejercer sus funciones para que las cosas marchen bien, y en ello involucra, de manera activa, a sus electores, como elemento clave de la institucionalidad de la nación.

Pero muchas veces incurrimos en prácticas erróneas y desconocimiento, que han ido conformando una imagen equivocada del delegado, como si su rol se circunscribiera apenas a gestionar y distribuir recursos, llámense materiales de la construcción, teléfonos o enseres domésticos, es decir, una especie de mago siempre presto a resolver problemas.

El delegado tiene entre sus funciones principales reclamar la atención y gestionar la solución a las autoridades competentes las necesidades, dificultades, preocupaciones y quejas que le transmiten sus electores; gestionar la solución de los problemas y promover iniciativas para que las masas participen.

Corresponde no olvidar que el delegado es electo por el pueblo, y por tanto, las administraciones deben apoyar su labor, por lo que resultan inadmisibles el peloteo, las evasivas por respuestas y las promesas incumplidas que tanto desacreditan y restan credibilidad.

No debe obviarse que esa persona, electa por un período de dos años y medio sobre la base del mérito, el prestigio y la capacidad, cumple el mandato que le confía la comunidad y desempeña sus funciones de manera voluntaria y conjugándolas con su labor específica.

Eso sí, quien asume tal responsabilidad debe armarse de tenacidad, empuje, sensibilidad, paciencia y suficientes bríos para desafiar imposibles, superar disímiles obstáculos y enfrentar adversidades, a sabiendas de que, como recompensa mayor, tendrá el reconocimiento de sus electores y del resto de la sociedad.

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