Un hogar de amor y esperanzas

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por Helena de las Mercedes Ruano Ivonnet (Estudiante de Periodismo)
Visto: 732

hogar de ninos sin amparo en palma soriano

Sabemos que estamos en un hogar cuando encontramos apoyo, unidad y mucho amor, y es eso precisamente lo que encuentran los niños sin apoyo familiar en la provincia santiaguera.


En el municipio palmero, específicamente, existe una casa para pequeños sin amparo familiar en la calle Martí #436.
Esta institución que se creó desde 1988, en la actualidad acoge a 12 infantes, de ellos 7 son hembras y 5 varones, que varían desde los 7 hasta los 18 años de edad. Aquí llegan niños que provienen de familias disfuncionales y que son víctimas del abandono. Su estancia puede ser de manera temporal o perpetua, y en ese tiempo se les garantiza la felicidad a cada uno.
Sus 19 trabajadores desarrollan una labor meritoria, porque todos los días convierten el centro en un verdadero hogar. Allí se les brindan las condiciones adecuadas y el trato pertinente para que ellos encuentren la armonía y el amor que se merecen.
Se realizan actividades culturales, recreativas y de sano esparcimiento, pero también se les prepara para que aprendan a convivir con el resto de las personas y se integren de manera sana en la sociedad.
Como parte del Programa Luces para la Vida, se desarrollan charlas educativas que incluyen temas que van desde las relaciones interpersonales y los hábitos alimenticios e higiénicos, hasta una cultura sexual responsable, el no consumo de drogas, y la vinculación con los hechos y lugares históricos no solo de la localidad y de la provincia sino de todo el país, los cuales entran dentro de esas acciones que ayudan al conocimiento general de cada infante.
“Yo llegué aquí en junio y desde mi entrada me sentí en un verdadero hogar (...) salimos a muchos lugares que yo no pensé conocer, como la casa de Fidel. Celebramos los cumpleaños, los días especiales del año como el 14 de febrero; yo me siento muy feliz aquí y me tratan muy bien...” así dice Melisa, una joven de 14 años que ha tenido la dicha de llegar a este hogar.
Cada niño o niña que hoy vive en esta casa, se siente feliz porque ha encontrado una familia que, aunque no lleve la misma sangre, comparte el mismo amor, y ese es el objetivo que se ha trazado su directora Maricell Kindelán González, quien los enseña a superar cada obstáculo sin miedo.
Este hogar es muestra de la dedicación por conservar, en cada uno de esos pequeños que el destino colocó allí, una sonrisa perenne en sus labios.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar