La batalla no duró tres días: Memorias de un soldado que reescribe la historia

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por NÁZIN SALOMÓN ISMAEL
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selfiecamera 2018 04 19 01 56 55 827La epopeya de Girón se recuerda, desde hace 57 años, como una de las grandes victorias del pueblo cubano contra las fuerzas del imperialismo. No obstante, y a pesar de su indudable significado, el recuerdo de aquellos momentos de sacrifico y valor contados por sus protagonistas, estremecen a quienes aún tenemos la suerte de escuchar esas historias de primera mano. Memorias que sin ultrajar la verdad nos recuerdan a la Cuba revolucionaria, de artillería y paso firme.

A la derecha Enrique junto a dos compañeros jefes de batería durante la gesta de Playa GirónEl General de Brigada Enrique Antonio Álvarez Valdés, habanero de nacimiento, y santiaguero de convicción, en la comodidad de su hogar me hizo partícipe de sus vivencias a través del relato de la que fuese su vida antes, durante y después de la gesta de abril.

“Siempre he dicho que la batalla de Girón empezó en el año 1960.  El 17 de marzo de ese año, el presidente de los EEUU dio la orden que inició los preparativos de las fuerzas contrarrevolucionarias y mercenarias para atacar a Cuba. Ese suceso, afortunadamente coincide con una exposición proveniente de la Unión Soviética que se estaba presentando en La Habana con el fin de mostrar los mayores éxitos de la URSS. Aprovechando esta visita se firma un convenio con la potencia europea que nos suministraría el armamento necesario para la defensa del país en caso de guerra. Pocos meses después comenzaron a llegar tanques, artillerías terrestre y antiaérea, con los que se comienzan a armar a las fuerzas militares de Cuba”.

“En ese momento yo era un simple soldado de batería en Managua, comandado por Juan Almeida Bosque quien era el jefe del regimiento 26 de Julio en el lugar, y Leopoldo Cintra Frías, actual ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, quien era jefe de un batallón de artillería. Ambos me encomendaron a desmontar el armamento soviético, en una operación secreta, que se produjo en el Mariel, Bahía Onda y Matanzas, para luego distribuirlo en La Habana. Muchas de esas armas venían en guacales y cajas que decían por fuera INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), como si fueran utensilios de labranza agrícola, y así no se develaría su contenido.  

Enrique durante las maniobras de preparación para el ataque a Playa Girón“En esos momentos había mucha tensión en la sociedad cubana, la lucha de clases estaba muy fuerte, y el pueblo estaba muy dividido, lo que oscurecía un poco el panorama interno. Fidel había ido a denunciar ante la Asamblea General de la ONU el eminente ataque militar de los Estados Unidos hacia Cuba, eso ocurrió en el mes de septiembre. Cuando regresa es recibido en el Palacio Presidencial de La Habana, hoy Museo de La Revolución, el día 28, fecha en la que se constituyen los Comités de Defensa de La Revolución, lo que unificaría en cierta forma a los ciudadanos.

“Llega el mes de octubre y el Comandante en Jefe, personalmente, comenzó a participar en la preparación de los milicianos, quienes respondían de forma voluntaria al llamado para la lucha desde todas partes del territorio nacional. Miles de cubanos fueron recibidos en Ciudad Libertad donde fuimos entrenados para la guerra. A pesar de que se ha fijado el 2 de noviembre como el día de la artillería nacional, precisamente por esa acción, ya desde finales de octubre se estaban formando hombres para la lucha.

“Sinceramente, ninguno de nosotros sabíamos nada de artillería ni de combate en general. Yo tuve la oportunidad de ser jefe de pelotón de la batería 26 en Ciudad Libertad, donde se estaban preparando hasta ese momento un total de 30, bajo la guía del Capitán Antonio Núñez Jiménez, quien era el jefe de la artillería antitanques en el campamento, y del Comandante Juan Vitalio Acuña Núñez, “Vilo”, quien muriera años después junto al Ché en Bolivia.

“Recibíamos mucha ayuda de los soviéticos, quienes nos entrenaban a los jefes de pelotones y de baterías en las tardes, para que luego impartiésemos esas mismas clases al personal subordinado por las mañanas. Fidel también asistía diariamente para dar indicaciones y colaborar en la formación. Desgraciadamente, nosotros no fuimos perspicaces en el cumplimiento de la mayoría de sus orientaciones, algo que nos pesó luego, pero que estuvo dado por la falta de experiencia.

“En el mes de diciembre fuimos a tirar por primera vez. Tuvimos que hacer una caminata desde La Habana hasta Guanito, en Pinar del Río. Era una gran columna de milicianos por aquellas lomas de Occidente. El día 30 ya habíamos regresado a La Habana, justo para desfilar el 2 de enero en La Plaza de la Revolución, celebrando el aniversario del triunfo del 59.

“Para esa fecha sería cambiada la presidencia de Estados Unidos, que desde semanas antes sabíamos que sería John Kennedy, lo que trajo consigo el temor a que Eisenhower, el actual presidente, hiciera la invasión para esa fecha. A finales de diciembre nos decretaron la alarma de combate, la primera gran movilización de artillería por las partes más vulnerables de Cuba. Luego del desfile continuamos directo para nuestros destinos de batalla. Yo fui para la bahía de Matanzas, y nos instauramos por todo el territorio para confrontar los posibles ataques”.

“Finalmente no ocurrió la invasión, creo que por las medidas de protección que se habían tomado. En la segunda quincena de enero regresamos a Ciudad Libertad, donde soy nombrado jefe de una batería nueva llamada M5 compuesta por un gran número de milicianos, en su mayoría matanceros, y a los que tuve que preparar como mismo había hecho con el grupo anterior siendo jefe de pelotón.

“Aun estábamos muy tensionados por la situación que se había generado: los sabotajes, los grupos de desembarco, espías alzados en todo el país. Dentro de este grupo de altercados estuvo el atentado a la tienda El Encanto donde muere Fe del Valle. Existían manifestaciones de sectarismos, oposición hacia las doctrinas comunistas de algunos, y no se acababan las divisiones entre los ciudadanos. Muchos de nosotros, más que comunistas, nos considerábamos Fidelistas, lo que mandaba y hacía Fidel era lo que correspondía, y por eso éramos criticados.

“No fue sino hasta abril de 1961 que se empiezan a sacar algunos grupos armados para el resto del país, especialmente a pedido del Comandante en Jefe, pues tantos grupos juntos era objetivo fácil para los ataques aéreos. 

“En la tarde del 14 de abril llega a Ciudad Libertad, como de costumbre, una rastra cargada con municiones para abastecer a las tropas. A mi batería la mandan a descargar la rastra bien temprano en la mañana. De momento el segundo al mando me comunica que estaban entrando unos aviones tirando luces, eran las 5:45 de la mañana, y en ese entonces comenzó el bombardeo, nos estaban atacando. Logramos posicionarnos en unos refugios que habíamos preparado con anterioridad.

“Ese ataque le costó la vida a algunos de nuestros soldados. Uno de ellos fue el jefe de la contrainteligencia militar, de apellido Valdés, y el joven que puso el nombre de Fidel con su sangre, que era el político de la unidad, yo personalmente recogí su cadáver. Cuando terminó el bombardeo logramos reunirnos con los demás oficiales, algunos estaban heridos.

“Luego comenzamos a restablecer la base y detener algunas explosiones en las rastras de municiones que habían sido dañadas durante el ataque. En ese momento se nos ordenó que tomásemos medidas porque el ataque iba a continuar, este era el preludio de la invasión, pues ya estaban mitigando la aviación cubana en los aeropuertos de San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. 

“Al día siguiente fue el entierro de nuestros compañeros caídos. Yo no pude asistir porque debía hacer guardia en la unidad, pero lo escuché por la radio. Fue algo muy grande. Ese 16 de abril detuvo las incertidumbres y tiranteces que existían, especialmente al decretarse el Carácter Socialista de la Revolución, seguido por la alarma de combate; todo el pueblo se volvió uno solo.

“El 17 de abril comienza el desembarco yanqui. En la capital nos abastecen con municiones, armamentos, y transportes. En la noche de ese mismo día se nos ordena avanzar para el túnel de La Habana, a recibir las misiones.

“Soy encomendado a Playa Girón, aún tensionado por el ataque aéreo días antes, con una batería de morteros aparte de la mía, por toda la Vía Blanca en La Habana, hasta llegar a Matanzas.

“Estuvimos desde la noche del 18 hasta el 19 a fuego ininterrumpido contra el enemigo, pues teníamos que apoyar al mismo tiempo tres columnas que estaban marchando hacia el lugar. Fue tan intenso que se nos agotaron los proyectiles de alto explosivo, y aun así tuvimos que resistir hasta la mañana”.

“Soy consciente de la efectividad de nuestros ataques, pues pude percibir que no fueron pocas las bajas enemigas a pesar de no haber tenido mucha experiencia, pues era un grupo nuevo, donde ninguno sobrepasábamos los 25 años y algunos solo tenían 16. Aquí pudo afirmarse, una vez más, que la Revolución cubana se hizo con los jóvenes.

“Teníamos deseos de vencer, y en cada disparo pensábamos siempre en Fidel. El sentido ideológico de cada uno de esos muchachos era digno de admirar, y así lo recordaré siempre”.

¿Cuál fue la principal causa por la que ganaron la batalla?

“A pesar de que la unidad de los cubanos, desde cada rincón de la Isla y en el último momento, fue un elemento muy importante en esta lucha, creo que la estrategia, mandato y guía de Fidel estuvo por encima de todo. Sus acciones, bien pensadas, fueron determinantes para lograr la victoria. Él previó desde el primer momento todo lo que iba a hacer el enemigo y nos preparó para eso a pesar de nuestro escepticismo. Además, demostró que el Socialismo había que defenderlo a cualquier costo, y extendió esa confianza que emanaba a toda Cuba, pues la batalla no solo se ganó en Girón, sino en cada rincón del país donde habían bandidos atentando contra la seguridad del pueblo”.

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