Una singular historia de amor cumplió quince años

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por Yuzdanis Vicet Gómez / Foto : Autor
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Hilda Tamayo Quevedo

Desde el año 2003 los trabajadores y trabajadoras del Coppelia La Arboleda donan juguetes y alimentos a los niños y niñas de la Sala de Oncohematología del Hospital Infantil Sur (La Colonia); este hecho pudiera ser común si lo comparamos con otros similares que cada 4 de Abril realizan diversas instituciones santiagueras, sin embargo este colectivo trasciende fechas señaladas y lo convierte en cotidiano.


En las siguientes líneas Sierra Maestra revela a sus lectores la historia de amor que alimenta a los trabajadores de “La Arboleda” contada por una de sus protagonistas, se trata de Hilda Tamayo Quevedo, secretaria del Buró Sindical de la unidad gastronómica:
“El 4 de febrero de 2003 yo era organizadora de una de las secciones sindicales del Coppelia y entre las actividades como saludo al día del gastronómico tuvimos la iniciativa de llevarles helados, dulces y juguetes a los niños de la Sala de Oncohematología, pero con la peculiaridad de que acordamos que todos los meses se recogiera dinero entre todos los trabajadores, compráramos el helado y lo lleváramos allí.
“Lo hacemos todos los meses porque a los niños les gusta el helado y queremos satisfacerlos de la mejor manera posible y entendimos que solo en las fechas alegóricas a la niñez, como el 4 de Abril, es insuficiente, esos días sí les preparamos algo especial, porque llevamos además de helado, dulces, juguetes y en los dos últimos años nos acompaña un payaso que no nos cobra y complementa perfectamente la actividad, pero le vemos mucho valor a lo que hacemos todos los meses por sencillo que sea.”
Esta forma particular del colectivo laboral del Coppelia La Arboleda de manifestar su amor y cariño hacia los niños, niñas y madres que permanecen en la Sala de Oncohematología de “La Colonia” encierra además una labor educativa constante pues en 15 años decenas de jóvenes se han incorporado al trabajo y todos se suman a lo que ya se le puede llamar tradición, Hilda confiesa cómo lo logran:
“Desde que los nuevos trabajadores entran nosotros los insertamos en el ambiente laboral del centro y como generalmente son jóvenes, se les enseña, se les educa y siempre despierta ese lado humano y sensible, porque nuestros jóvenes son muy buenos solo hay que guiarlos y como dicen ellos son “mi tropa”, jamás he recibido una negativa de alguno, así que está garantizada la continuidad.”
Ella dice que no resulta difícil que los trabajadores nuevos se encariñen con esa costumbre pues resulta muy gratificante y a la vez comprometedor el resultado:
“Lo más grande es percibir el agradecimiento en la sonrisa, en los ojos de los niños, niñas y de las madres, ver esa alegría cuando uno llega y notar que lo verdaderamente útil para ellos es el amor que les llevamos, por eso los trabajadores están muy orgullosos de lo que hacen y siempre dispuestos”.
Conocida la historia hasta este punto, aún falta mucho por contar, pues detalles relevantes subyacen, pero en esta ocasión nuestra interlocutora, aunque autoriza hacerlos públicos, prefirió no contarlo en primera persona y me cedió la oportunidad de hacerlo.
Resulta que Hilda Tamayo Quevedo, actual secretaria del Buró Sindical del Coppelia La Arboleda, hasta el 2002 era una de las madres que aguardaba en la Sala de Oncohematología de “La Colonia” a que su hijo rebasara la enfermedad pero desdichadamente tuvo un desenlace fatal ese propio año.
Con 61 años, de estos 23 de trabajo en “El Coppelia” la avezada gastronómica y dirigente sindical, desde allí sufrió la enfermedad y la pérdida de su vástago; aunque para muchos pudiera parecer muy duro el hecho de acudir con tanta frecuencia hasta aquella sala, ella afirma que es la mejor forma de afrontar su realidad, agradece el compromiso y acompañamiento de sus compañeros de trabajo y confiesa que de alguna forma recibe fuerzas de su hijo para mantener viva esta historia de amor que cumplió 15 años.

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