Milagro

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por YUNIER SARMIENTOS SEMANAT
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Esta historia está contada a retazos; no hubo entrevista de por medio, solo es la escucha de una conversación en una guagua

ELSUFRIMIENTOPSICOLÓGICOYEs martes. Inicia la tarde en una guagua de la ruta Songo-La Maya -Santiago. El sudor corre por mi espalda. Unas débiles manos me rozan, abrazan. Volteo. Es una mujer bajita, de pelos rizos, bien negros y cortos. Sus brazos son puras cicatrices.

Nunca pregunté su nombre. Es relevante, pero no lo hice. No me atreví a cortar el hilo de la conversación que mantuvo durante todo el viaje con una señora de la cual solo sé que se llama Gisela. Nadie le dio asiento a pesar de ser discapacitada… Su historia impacta.

Hace nueve meses (18 de noviembre de 2018) el ‘pisicorre’ que la llevaba a Santiago “volaba en la carretera”. Había llovido ese día y el chofer aceleraba, intentando burlar el tiempo. En la densa vegetación que bordea la vía, por el kilómetro 10 de la Autopista Nacional, hasta el día de hoy se conserva una especie de agujero, una marca. La muchacha señala el lugar y dice algo que me llena de curiosidad: “ahí fue el primero, el segundo fue en la ambulancia, por la Plaza”.

Esta mujer se acercó a la muerte dos veces en un mismo día. En la primera de estas, de 16 personas que iban en el vehículo, solo el conductor falleció, según cuenta; pero de todos, fue la más afectada. Casi no se contaba con ella. En la segunda, el personal paramédico también salió lastimado.

Cerca de las cinco de la madrugada aún se encontraba en un salón de operaciones. Hubo traumas en el cuerpo, muchas heridas. Una costura sobresale por debajo del cabello. Pero el mayor trauma fue el psicológico.

Cuenta que cuando logró salir a la calle no podía hacerlo sola. Ver un carro cerca le aceleraba el corazón. Su madre fue el bastón, y aferrada a ella transcurrió una recuperación difícil que dura hasta hoy, cuando todavía no logra apretar muy bien con la mano izquierda. Debe entrar al quirófano una vez más.

Dice que no montará más un carro ligero. La guagua, sin asiento disponible para ella, parece ser una solución confiable. Ahora viaja sola. Con el tiempo ha logrado independencia y un poco de soltura en sus movimientos. Una mochila y otras dos jabas son sus pertenencias. Vi que el chofer le colocó los bultos en un espacio libre.

La conversación con Gisela toma otro destino. A la joven la escucho dar consejos. Algunos cargados de optimismo y sobre reencuentros familiares. Cuesta creer cuánto un accidente le puede cambiar la vida a alguien en cuestión de segundos.

Es un martes de agosto. El sudor corre por mi espalda. La joven ya no se sostiene de mí como al inicio del viaje. Agarrada con la mano derecha a un tubo que hay sobre su cabeza, parece firme. Debería llamarse Esperanza, aunque con esa historia, su destino fue un milagro.

Más sobre el tema: El 18 de noviembre de 2018 Sierra Maestra publicó este trabajo periodístico en el que se ofrecen otros detalles del siniestro.

Comentarios   

#1 Jge 10-08-2019 20:51
Interesante historia. Si de algo nos jactamos los cubanos es de "lo solidario que somos" Hay lugares, latitudes, horas donde, aunque momentaneamente, nos camuflamos como tantos otros seres vivos... somos lo que somos , eh aqui el ejemplo vivo del conocido refrán "del dicho al hecho, hay un gran trecho. Saludos
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