Calabazas, habichuelas y pepinos en “El Anillo”

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por Yuzdanis Vicet Gómez / Fotos: Autor
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1 Internet Empalado en Santiago de CubaEn la finca El Anillo, ubicada en la periferia de la ciudad de Santiago de Cuba y perteneciente a la Empresa Agroforestal Gran Piedra Baconao se empalan tres hectáreas destinadas a sembrar una de calabaza, una de habichuelas y una de pepino.

2 Internet Empalado en Santiago de Cuba
Dicho así puede que a usted las líneas anteriores no le digan nada, sí entenderá si le explico en qué consiste el empalado o tutorado: se trata de proveer un soporte con varas a las plantas que generalmente son rastreras para que estas crezcan de forma vertical sin que los frutos toquen el suelo.
Esta tecnología de cultivo se generaliza porque permite la mayor incidencia de luz para facilitar la fotosíntesis, puede cosecharse con más facilidad, los frutos crecen libremente, son más uniformes y grandes al no tener la resistencia y deformidad que le provoca el suelo, disminuyen las afectaciones por plagas.
En cuanto al uso eficiente de la tierra, el empalado permite, más plantas por hectáreas y por tanto más rendimiento en quintales de productos en iguales espacios de tierra, este método se aplica en esta provincia a cultivos como los de calabaza, pepino, habichuela, ñame entre otros.
La sostenibilidad de la aplicación de esta tecnología depende de la calidad con que se haga el empalado, por ejemplo, varas de marabú y otras maderas resistentes permiten obtener varias cosechas de las variedades mencionadas que son de ciclo corto y al menos una de ñame que es de ciclo largo, sin embargo si se pretende recoger una o dos cosechas de ciclo corto puede usarse el “ipil ipil” o lipilipi como lo conocemos vulgarmente, una de las principales plantas invasoras en Cuba.
Una experiencia práctica hace ya 11 años fue la del Coronel (R) Orlando Cardoso Villavicencio, Héroe de la República de Cuba quien fue entrevistado en el 2008 por el periodista Orlando Oramas León y cuya entrevista fue publicada en el periódico Granma bajo el título “Cosechar en una hectárea lo que produce una caballería” y el entrevistado expresó:
"El trabajo inicial es lo que cuenta: cortar el marabú, armar las empalizadas. La cosecha de un cordel paga la inversión del marabú, que sirve por años. Luego eso lo mantiene hasta una viejita. El experimento lo hice con un cordel, 20 por 20, unos 400 metros cuadrados. A los cuatro meses habíamos recogido poco más de 50 quintales de calabaza. Eso da en una hectárea un promedio de 1 200 quintales (...) 1 200 quintales por hectárea contra 200 en una sembrada de forma convencional”. ¡A trabajar!

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