Una iniciativa por la salud
- Detalles
- Categoría: Santiago de Cuba
- Escrito por INDIRA FERRER ALONSO/Fotos: Cortesía Dra. Geldys Rodríguez Castillo
- Visto: 927
Para los vecinos de “El Chucho” de Altos de Micro 7, en la ciudad de Santiago de Cuba, la construcción de viviendas rústicas es cosa de todos los días. Hasta allí llegan familias provenientes de otros barrios, o de zonas rurales de los municipios, y plantan un poste, luego otro y otro más, clavan palos aquí y allá y techan con lo que puedan su casa, con la esperanza de tener en el futuro una vivienda digna y no un “llega y pon”, como la voz popular ha denominado esas edificaciones precarias e ilegales.
En esa comunidad abundan las áreas enyerbadas en un entorno que nada tiene que ver con la renovada e higiénica urbe que es Santiago. Abundan también los depósitos en mal estado o carentes de tapa en los que se almacena el agua; los microbasurales y las edificaciones requieren una atención especial cuando de eliminar mosquitos se trata…
Pudo comenzar este escrito realzando la participación de mujeres y hombres de todas las edades en una jornada de higienización si precedentes en ese lugar.
“Hubo reticencias, muchos pensaron que por ser una barriada suburbial considerada ‘socialmente compleja’, no acudirían los vecinos al llamado de las organizaciones de masas y de las autoridades sanitarias del área de salud, a trabajar en el saneamiento intensivo del lugar. Sin embargo, fue un éxito y los vecinos respondieron favorablemente”, comentó el Dr. Raúl Leyva Caballero, jefe del departamento provincial de Promoción de salud y prevención de enfermedades.
“Lo cierto es que todo el mundo salió con sus machetes, escobas, rastrillos y azadones a chapear las áreas enyerbadas, a barrer y recoger basura… se hizo una buena limpieza en los alrededores de las casas y en los patios.
“En la casa cepillamos los barriles, sacamos todos los desechos que puedan acumular agua y acomodamos bajo techo las cosas que todavía son útiles y que no íbamos a botar para evitar que se formaran criaderos de mosquitos”, comenta Rosa Hernández, quien vive en el lugar desde hace algunos años.
Sobre lo acontecido allí, la doctora Geldys Rodríguez Palacio, directora del Policlínico Docente-universitario José Martí y, por tanto, máxima autoridad del área de salud, comentó:
“Realizamos una intervención sanitaria en este asentamiento porque tiene características especiales: el mal estado constructivo de buena parte de las viviendas, la baja percepción de riesgo de muchos habitantes y la peculiaridad de que allí edifican casas con materiales que no siempre aseguran la hermeticidad y seguridad de la construcción; por tanto hubo que actuar a tenor de estas especificidades”.
Según la especialista, se convocó a los vecinos a participar en la higienización del entorno, como apoyo a la labor de Servicios Comunales en el saneamiento ambiental y la recogida de desechos sólidos. A la vez, operarios de la Campaña antivectorial, médicos, enfermeras y otros profesionales trabajaron en la revisión de las condiciones higiénicas de las viviendas y en la promoción y educación para la salud, explicando a los moradores las medidas de prevención del arbovirosis y la conducta a seguir ante la aparición de síntomas como la fiebre inespecífica.
“También -dijo Rodríguez- se realizó el tratamiento focal con motomochilas. Téngase en cuenta que estamos hablando de un lugar donde hay casas de madera. Allí muchas personas provenientes de otros barrios o municipios, se asientan en construcciones rústicas. Y, por lo general las paredes no son totalmente cerradas; de modo que no es efectiva la fumigación con humo.
“Por eso optamos por la fumigación con motomochilas, a partir de la cual quedan impregnadas las microgotas de insecticida en todo el inmueble.”
Mientras se fumigaban los locales, se revisaban depósitos en busca de focos de Aedes aegypti y se limpiaban el barrio, se hacía el perifoneo de mensajes de bien público sobre la necesidad de asumir responsablemente la prevención de enfermedades; y los médicos hicieron audiencias sanitarias con el fin de elevar la percepción de riesgo de los moradores.
Aunque es pronto para decirlo, la doctora Rodríguez asegura que ya comienza a observarse una tendencia a la disminución de los focos del agente transmisor del dengue en ese asentamiento.
Según Leyva, este tipo de acción se realiza en comunidades del municipio de Contramaestre y podrían extenderse por otros territorios de la geografía santiaguera.
Generalizar las jornadas comunitarias de control del mosquito sería una poderosa herramienta para reducir el riesgo de enfermar por alguna arbovirosis en la segunda provincia más poblada del país.

