Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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La mentira: enemiga de la honradez

mentiraLa educación que se adquiere desde la cuna, no da margen a muchos errores, decía una de mis abuelas con esa sabiduría que se alcanza con los años. Otro show al estilo de José Daniel Ferrer/ Una huelga sin hambre +Vídeo/ ¿Huelga de hambre?

Hay valores que definen la manera de actuar y hacer de los seres humanos. La honestidad, por ejemplo, es una de las cualidades que marca al individuo. Las personas honestas, justas, morales muestran una actitud coherente en el pensar, el decir y el hacer.

Si en una familia los niños, adolescentes o jóvenes crecen en un ambiente de mentiras, de tergiversación de la realidad, es imposible lograr en un futuro una persona con valores morales adecuados y mucho menos honrada.

Es mas, la honestidad vista por la óptica de algunos sociólogos ayuda a mejorar las relaciones humanas, pues cuando usted está siendo honesto y siente que los que lo rodean también lo son, facilita la comunicación y la confianza.

Sin embargo, algunos especialistas en la materia plantean que en los últimos tiempos la honestidad se ha afectado por las conveniencias socioeconómicas, políticas, personales y hasta familiares.

Y es aquí en este punto donde es importante detenerse y que cada familia piense en el papel que le corresponde en la sociedad, con independencia de las limitaciones que tengamos que enfrentar.

Recuerdo una frase muy antigua, que nunca pierde vigencia: pobre, pero honrado. Eso significa que no debe existir ninguna relación directa entre escasez, falta de recursos o algo que nos afecte como ser social para dejar de ser una persona honesta y honrada.

Conocemos de individuos que o bien se aprovechan de las fisuras que puedan existir en las diferentes esferas de nuestra sociedad, (que dicho sea de paso no persisten por plena voluntad de los hombres que o mujeres que deben resolverlas, sino por muchos otros factores), u omiten o distorsionan hechos de nuestra realidad como una manera de “sobrevivir” a las limitaciones actuales.

Hay quienes acuden a la mentira como una necesidad para obtener admiración o atención de los demás creando una realidad paralela.

Según la psicología de la mentira, “el mentiroso engaña suprimiendo la verdad a través de silencios, descripciones vagas o muy generales, evasión de preguntas, emoción fingida, ira o indignación”.

También conocemos de ejemplos de familias que son las que influyen en sus hijos a hijas para que estos ganen dinero u obtengan determinados medios y recursos de manera fácil y deshonesta.

Los padres, o las familias que actúan de esa manera como ya han perdido esos valores que deben caracterizar al buen ser humano, no saben o no quieren saber cuánto daño le están haciendo a sus hijos.

Es en el hogar a través de los padres y familiares cercanos donde se trasmiten, con el ejemplo personal, las normas y las reglas de convivencia, las acciones honestas; donde se enseña el límite de lo correcto y de lo incorrecto. Es preciso decir y hacer lo correcto; los hijos, los nietos, los sobrinos, y hasta los vecinos se miran en el espejo de los mayores.

La mentira denota, además, una baja autoestima, y nunca será aliada de la honradez. Eduque y críe para usted y para la sociedad.

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