Mis razones para amarte

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por Milagros Alonso Pérez/Foto: Tomada de Internet
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papppppppp55No te nombro padre con los labios, porque mis manos ya te hablan con el pensamiento que mueve cada parte de mi ser a amarte. No por el hecho de entrañarme, porque de esos dolores sólo sabe mi madre, pero sí por besarme la frente, apretar mis manos cuando aún eran frágiles, por mecerme sobre tu pecho y resguardarme con tu calor.

Quizás por eso aún te ame más, por soñarme durante el tiempo que mi cuerpo no tenía forma, por nombrarme encima de todos los nombres existentes con una luz auténtica, por abrigarme con esa genética de tus ojos, de tu sonrisa, de tu sereno rostro, de tus expresiones de corazón y fuerza.

Tengo muchas razones para amarte, ninguna por encima de la otra, todas superiores a cualquiera que exista en cualquier confín de mi pensamiento, de mi palabra, de mi oración, de mis hechos. Cuán sencilla puede ser tu respuesta, pero a la vez cuán grande es tu silencio. Callado de que me admiras, de que me quieres, me respetas, me construyes y abres paso en un camino de fieras y leones, me defiendes y finalmente, me rescatas.

Padre, papá, papito, papaíto, te quiero, te adoro, te amo ya que nunca has renunciado a tu derecho sobre mí, pese a los embates del tiempo, de tus manos cansadas, de tus pasos lentos, de tu cuerpo desintegrado. Ya que continúas haciéndome caminar como el primer día, sudas con mi frente, con mi fiebre, mi aliento. Entonces, ¿cómo no he de amarte?

De ti todo lo conservo, el pañuelo, el hombro para llorar, la fuerte carcajada, el carro para la niña mecánica, las pataletas y los pucheros que soportaste, el grito de felicidad o mal genio, la compañía y la soledad en la que el alma se queda cuando das media vuelta a trabajar.

Te amo incluso en la revelación de los sueños, de lo que es, de lo que pudo ser y nunca fue, de lo que será; aún así, aquí estás papá. Inmenso por segundo, por minuto, por hora, en la caldosa de fin de año, en el primer cumpleaños, o día de escuela, en la boda, en los problemas, en las verdades entre los engaños; siempre tú y mis razones para amarte: gracias por hacer de mi vida un hogar perfecto para dos, padre e hijo.

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