Montar el escenario para el desarrollo de la producción azucarera no es tarea fácil, máxime cuando el interés se centra en vencer los escollos que perjudican la eficiencia fabril y agrícola.
Esta es la etapa en que, en los tres centrales santiagueros que harán zafra a partir de diciembre, se crean condiciones para mediante la calificación y recalificación del personal, y otros ajustes oportunos, mantener el descenso en los volúmenes de caña que se pierden en el proceso de corte, alza y tiro.
Las negativas consecuencias de la sequía en la provincia de Santiago de Cuba, estimulan la aplicación de medidas que permitan entregar a nuestros ingenios toda la caña declarada molible.
Estamos ahora en el centro de la etapa donde cada jornada reclama el máximo de aprovechamiento.
Los abastecedores de piezas, equipos y materias primas tienen en sus manos una alta responsabilidad. Si ellos fallan, saltarán eslabones de la cadena y los atrasos no demorarán.
El calendario de inversiones y reparaciones necesita marchar según el plan. Ni muy aprisa, ni con demora. Ambos términos cuando se exceden pueden traer malas consecuencias.
Los centrales tienen a juzgar por los estimados, fechas de arrancada, y esta es la etapa donde Santiago de Cuba nada puede descuidar si pretende conseguir, pese a la fuerte sequía, las casi cien mil toneladas de azúcar que se ha propuesto producir en la zafra que iniciará en diciembre.