Una ofrenda floral fue depositada en la mañana de hoy en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, en el sepulcro donde se encuentran los restos de Mariana Grajales, madre de los Maceo, como tributo del pueblo cubano ante el aniversario 122 del fallecimiento de esta significativa heroína de la Patria.
Diversas generaciones de santiagueros legitimaron, con su presencia, el compromiso de continuar las bases morales sentadas por una mujer que colocó su existencia a favor de las gestas independentistas de Cuba, subyugada entonces por el colonialismo español.
Así, estudiantes de los distintos niveles de enseñanza, representantes de la Federación de Mujeres Cubanas, del gobierno, del Partido Comunista y población en general, convergieron en el solemne espacio.
El mérito de Mariana no radicó en la simple capacidad de haber engendrado a héroes como Antonio y José Maceo, sino en su temple férreo que amoldó el seno de su familia hacia las direcciones más justas. La educación que socializara en su descendencia y su propia entrega altruista por el bienestar social, la convierten en paradigma para la mujer cubana.
A sus casi 80 años de edad, Ena Mercedes Fonseca Cedeño, ex combatiente de la Revolución, se descubre a sí misma como una perpetua marianista. Al pie de la tumba de la fémina que admira, comentó a Sierra Maestra:
“Como patriota, como madre, como seguidora de Mariana fundamentalmente vengo hoy a esta cita. Es su ejemplo el que me motiva, el mismo con el que he procurado educar a mis hijos. Por eso digo hoy, con beneplácito, que todos en mi casa hemos vestido el verde olivo y hemos obtenido, además, muy buenos resultados en el cumplimiento del deber con la Patria. Tal y como lo hiciera Mariana formé a mis dos hijos varones, Julián y Fidel, con altos principios patrióticos. Estoy muy orgullosa”.
La sonrisa profunda de Ena Mercedes es expresión de las tantas Marianas que hoy viven en la nación cubana. Mujeres que en las condiciones más hostiles no vacilaron en entregar o perder todo por la consecución de la soberanía de su suelo, mambisas que solo abandonarían su tierra en circunstancias extremas u obligadas por las adversidades; como la propia madre de los Maceo, quien moriría en el exilio el 27 de noviembre de 1893 transmitiendo a su pueblo sus infinitas virtudes ciudadanas.