El minutero apunta hacia el número siete. Ya es la hora. Comienza a cobijarse el sol y la expectativa trastoca mi rutina. El declive de la tarde marca ese instante puntual en el que propuestas culturales y gastronómicas, deben renunciar a su rol habitual de sujetos aislados, para integrarse armónicamente en pos del disfrute de las familias santiagueras.
Es entonces, cuando la máxima de lograr la excelencia se erige como motivación para las entidades que prestan servicio en una de las vías principales de la urbe; y descubrir esa cualidad, se convierte en pretexto oportuno para iniciar un recorrido sabatino por la avenida Victoriano Garzón.
Inevitable acudir primero a Plaza de Marte, pareciera que atrae con fuerza de imanes a numerosos transeúntes. Cuentan los que visitan con frecuencia este sitio, emblemático también por sus fiestas populares, que cada fin de semana lo distingue un encanto peculiar: el café y el cacao matizan el paladar del santiaguero, a la vez que se combinan modernidad y tradiciones; con las iniciativas de los puntos de venta de la chocolatería “La Fraternidad” y la cafetería “Mamá Inés”.
Miro el reloj, ha transcurrido una hora. Comienzo el trayecto por la céntrica avenida; mas la música infantil, incita a hacer una parada, y es que el Coppelia añade a su función originaria de expender helados, la de entretener a niños y niñas con actuaciones de payasos, competencias de baile y otras iniciativas que devienen en felicidad para cada uno de los allí presente; entre ellos Pedro, un padre de familia para quien estas propuestas son meritorias pero todavía insuficientes.
Sin dudas, en Garzón se respira un aire diferente. Sus espacios públicos se engalanan con iniciativas que no por comunes, son menos plausibles; comprenden desde globos y luces intermitentes, la tenue ambientación bajo la luz de una vela, hasta los conjuntos de música tradicional; que amenizan la estancia de los comensales en los restaurantes especializados de la arteria.
Es cierto, renacen las noches santiagueras con una nueva concepción que aspira a la excelencia; no obstante, si tenemos en cuenta que esta se refiere a un talento o cualidad de lo que es extraordinariamente bueno, todavía se está distante de lograr la optimización de los servicios, pues no todos los centros diseñan sus ofertas a tono con la imagen de prestancia en los servicios que se pretende lograr.
Más allá de cuestiones objetivas, como la falta de abastecimiento a tiempo para logar el surtido adecuado de productos, persisten males que reposan en la falta de sentido de pertenencia y la indolencia. Materializar el sueño de un Santiago mejor es posible, siempre que desterremos definitivamente la insensibilidad ante los problemas y se propongan soluciones desde la ética o filosofía del derecho que tiene cada ciudadano a recibir un trato que tribute a su bienestar personal.
El próximo sábado, cuando el minutero apunte hacia el número siete y el sol comience a cobijarse, retornaré a una de las calles más transitadas y comerciales de la urbe. Ya no trastocaré mi rutina, pues se hará habitual el paseo por la céntrica vía, siempre en la búsqueda de propuestas que integren armónicamente la gastronomía con el enriquecimiento cultural de nuestro pueblo.