La fuerza de tus palabras se siente a diario en cada acción de fémina empoderada. La ternura y el amor por el trabajo que nos legaste se aprecian en círculos infantiles, en las casas de orientación a la mujer y la familia, en todo lugar donde tus manos se posaron para transformar. A nueve años de tu desaparición física quién dice que te has ido.
La muerte solo intentó arrebatarte, pues tú, Vilma Espín Guillois, como todos los héroes venerados sobrevives en la memoria. Más allá de la piedra en el Mausoleo del II Frente Oriental, tu presencia nos inunda para recordarnos tus palabras: “Emocionante ha sido todo. Y emocionante, trascendente e inolvidable ha sido esta fuente enorme de enseñanzas que han sido cada una de las mujeres de nuestro pueblo. Lo más valioso, para mi, ha sido lo que nosotras hemos aprendido”.
Podría decirte hoy tantas cosas, cuánto me emociona ver tus fotos en aquella prima coral universitaria o en el juego como capitana del equipo de voleibol de la Universidad de Oriente. Agregaría las lecciones aprendidas en los libros que hablan de Deborah, la luchadora clandestina bajo las órdenes de Frank País; las historias que encierran estas calles santiagueras donde te moviste esparciendo volantes y gritos al viento. Podría verte en la Sierra Maestra, combatiendo al lado de Raúl Castro, el hombre de tu vida.
También te visualizo a partir de 1959 como conductora principal de las acciones políticas y estatales para materializar el acceso pleno de la mujer cubana a sus derechos, aunque en muchas ocasiones fuiste a las palestras internacionales para hablar de voz, voto, trabajo, educación, lucha, devoción y amor. Por estas y tantas otras cosas que hiciste, hoy y siempre, Vilma, estarás en la memoria.