Eloína…. Imperecedera como Maestra

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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eloina¿Voló el tiempo? No. Es que nunca ella ha dejado de estar presente entre quienes la admiramos por sus conocimientos lingüísticos y por esa innata virtud de ser guía, aunque el pasado 26 de julio se haya cumplido el primer aniversario de la partida física de Eloína Miyares Bermúdez.

Los modelos, los paradigmas se eternizan. Por eso está aquí Eloína con nosotros, aún con su sonrisa, con esa paciencia para enseñar que la convirtió en un ser excepcional.  

¿Voló el tiempo? No. Es que no nos percatamos de su paso, porque seguimos absortos en la personalidad de la Heroína del Trabajo de la República de Cuba; en la Dra. Honoris Causa de la Universidad de Oriente; en la maestra tenaz; en la madre ícono  en una familia ilustre, formada, además, por tantas cubanas y cubanos que han bebido –y beben—  la savia de los conocimientos de Eloína, que junto a los de su compañero, Vitelio Ruiz, hicieron más comprensible la enseñanza del lenguaje, algo para otros complejo; para ellos, un deleite. 

eloinavitelioEn verdad, físicamente no está pero su influjo sí en sus textos, en su Diccionario Básico Escolar, en el Léxico Activo Funcional del Escolar Cubano, o cuando en alguna conversación con Vitelito, Raúl o Leonel, tres de sus ocho hijos, la referencia a Eloína es sobre alguien que tenemos al lado.

Precisamente,  Vitelio Manuel señaló cómo su madre “nos hacía partícipe a todos de su obra, nos pedía criterios, escuchaba opiniones, asumía nuestras acotaciones, las analizaba y decía ‘tú tienes razón’. Y aportaba su granito de arena a la sociedad, no solo santiaguera sino nacional, en la especialidad de lingüística, del magisterio, la pedagogía.”

Exigía con fuerza y ternura a la vez; era amable y tenía el don del convencimiento pero lo hacía con tal cariño que se hizo entrañable.   Y cuando alguna duda lingüística provocaba el debate en la Redacción, jamás vacilamos en llamar a Eloína y siempre obtuvimos la aclaración exacta con palabras  bondadosas.

Recitaba y narraba muy bien, y sentada con sus hijos alrededor, embelesaba a los muchachos con historias fascinantes.

Llevaba a Santiago de Cuba en lo más profundo de su corazón; ninguna oferta por tentadora que fuese la sacó de su terruño; cualquier homenaje a la ciudad y al pueblo santiaguero a ella le parecía poco; con su esposo, Vitelio Ruiz, constituyó una familia ejemplar en el ámbito hogareño, igual que como matrimonio  sobresalieron en el trabajo y en la investigación hasta alcanzar la condición de Héroe y Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

Hace un año Eloína partió. Antes, Santiago de Cuba le había otorgado el Escudo de la Ciudad, por todo lo que representó para esta. E hicieron bien las santiagueras y los santiagueros en distinguir así a una mujer que tanto los amó, y que en una ocasión dijo: ”… Adoro todo cuanto tenga que ver con Santiago: su paisaje, los niños, los peloteros, los artistas, su  historia extraordinaria, y nuestro pueblo con su carácter, su alegría… Me estimula ser santiaguera, vivir, crear aquí…”

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