Hablemos de la depresión

Categoría: Ciencia
Escrito por Odette Elena Ramos Colás
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“A veces no tengo ganas de hacer nada, me siento triste, sola; aunque esté rodeada de muchas personas, creo que no le importo a nadie, que no soy suficientemente buena para hacer las cosas... a lo mejor por eso tengo todo el tiempo a mis padres encima, criticándome. Por momentos quisiera morir”.


Así escuché expresarse a una adolescente que conversaba con su compañera al salir de su escuela. Aquellas palabras me resultaron imprescindibles para comenzar a hablar de una enfermedad común pero grave, que afecta a personas de todas las edades: la depresión.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ofrecidas en febrero de este año, la depresión es un trastorno mental frecuente que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo; constituyéndose en la principal causa de discapacidad y morbilidad, que en el peor de los casos puede llevar al suicidio; así lo demuestran los 800 000 individuos que se quitan la vida cada año, fundamentalmente en el rango de edad de 15 a 29.
De ahí que dicha organización haya decidido dedicar este 7 de abril, Día Mundial de la Salud, a hablar de este padecimiento que ha aumentado un 20% en la última década.
Es cierto que en varios momentos de la vida es normal sentirse triste, melancólico, abatido, irritable o de mal humor; estas son respuestas emocionales a los problemas de la cotidianidad. Pero si tales malestares se vuelven severos y prolongados, y comienzan a afectar las actividades laborales, escolares y familiares, pueden convertirse en una enfermedad mental.
La depresión se define como un trastorno del cerebro en el que quien lo padece presenta "tristeza permanente y pérdida de interés por las actividades que solía disfrutar, acompañadas por la incapacidad de llevar a cabo tareas diarias durante dos semanas o más”.
También puede provocar sentimientos de culpa, falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. Otros síntomas describen decaimiento, sentimientos de desesperanza, ansiedad, impotencia, indecisión, problemas digestivos, dolores de cabeza, y más.
Las causas pueden ser también múltiples: vivir en un ambiente hostil, con violencia o poco enriquecedor; la pérdida un empleo; el duelo o luto; la ruptura de una relación; la falta de capacidad para adaptarse a los cambios; y puede generar estrés.
Algunos estudios demuestran que en las mujeres, la depresión es mucho más común, pues tienen que enfrentarse a los efectos hormonales del ciclo menstrual, del embarazo, el parto, la menopausia, y otros; además de la carga doméstica.
Mientras que los hombres, aunque la padecen menos, también tienden a esconderla por la cultura machista que aún prevalece, que les “impide” mostrar abiertamente sus emociones. Por eso en lugar de los síntomas ya mencionados, es frecuente que el sexo masculino revele la depresión mediante el alcoholismo, el abuso de otras sustancias y el comportamiento antisocial.
Los niños también pueden sufrir depresión, aunque no es común. Aquellos con familias disfuncionales, padres o madres emigrados, los que han sufrido abusos de cualquier índole, o pérdida de seres queridos, así como los que se ven presionados por la competitividad con compañeros de aula, tienen mayor riesgo. En esta edad la enfermedad se manifiesta con cambios de comportamiento, agresividad, y problemas escolares.
Lo mismo ocurre en los adolescentes, los cuales experimentan cambios hormonales importantes y algunas señales son precisamente el bajo rendimiento escolar, la irritabilidad y la violencia. En esta época tienden a debilitarse los lazos familiares, por lo que se sienten incomprendidos, criticados o no escuchados en el hogar.
Contrario a lo que se piensa, no es normal que los ancianos sufran depresión; pero ocurre como reacción al deterioro físico o la pérdida de amigos y familiares, o de actividades que deben abandonar por la edad. La mayoría de las personas con este padecimiento nunca buscan tratamiento.
Al decir del MSc. Daniel Portuondo Arencibia, jefe municipal de Salud Mental en Santiago de Cuba, en nuestra provincia la depresión también va en aumento, y “hoy en día en los grupos básicos de trabajo que atienden los consultorios médicos existen psicólogos preparados para enfrentar cualquier caso.
“Este profesional valora a la persona y decide si lo envía a un centro de salud mental con tratamientos con psicofármacos, o utiliza otras técnicas como la psicoterapia, la medicina alternativa, la medicina natural y tradicional, terapia floral, homeopatía, acupuntura, microsistemas auriculares, hipnosis, o ejercicios de relajación.”
Para prevenir conductas depresivas lo primero es el pensamiento positivo; realizar ejercicios físicos; mirarse al espejo y aceptarse uno mismo; tratar de no comparase; mantener una dieta equilibrada; establecerse metas realistas; y en caso de tener tratamiento, no suspenderlo. El ambiente saludable es fundamental para la rehabilitación. La comprensión de los más allegados también.

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