Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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¡Rebelde, rebelde, huyó Batista!

20160414 195331Para José Emilio Camejo Acosta cada nuevo triunfo de la Revolución le proporciona una alegría inmensa, pues a su mente vienen aquellaspalabras que le dieron la noticia esperada y recuerdos de coraje, valentía y heroísmo de cientos de rebeldes, aunque también tristeza, porque vio de muy cerca la muerte de muchos compañeros. Sin embargo saber que la Patria es libre y soberana reconforta los años de sacrificio.

Este hombre humilde criado en Moa, al calor de las minas de Cayoguan explotadas por los americanos, pertenecía a la Columna 19 del II Frente guerrillero comandado por Raúl Castro, y bajo su orden lo mandaron a Palma Soriano a notificar al Mando del Ejército, que la
Fuerza Aérea Rebelde estaba lista para cumplir cualquier tarea que se le asignara.

Trascurría el 31 de diciembre de 1958 y después de ejecutada la acción iba de regreso a su campamento montado a caballo, sin montura, por un camino prácticamente intransitable, de madrugada, con un frío violento que penetraba hasta los mismísimos huesos, con una soledad aterradora en la que solo se oía los ruidos de los animales.

camejo copiaSegún rememora este combatiente, esa situación de fin de año lo hizo pensar en su terruño, en la querida madre, en la novia, en las
amistades, en la música de Benny Moré, en las canciones de Lucho Gatica y Celina González, entre otros; “¡Cómo se añora y recuerda lo que de verdad uno quiere! así piensa un guerrillero cuando va cabalgando solitario”, confesó:

“Esa noche el cielo con aisladas estrellas apenas alumbraban, como si fuera a llover, mientras yo contemplaba las siluetas del macizo
montañoso y las palmas que se divisaban. Así trascurría aquella madrugada del primero de enero de 1959, sombría y helada; observaba los bohíos y algunas casuchas, cafetales y plantaciones de plátano.

¡Qué pobreza había en mi Patria!

“En aquella soledad ni siquiera sospechaba lo que estaba ocurriendo, lo que se estaba gestando fuera de mi entorno, aunque ya había
conocido al Jefe de la Revolución, Fidel Castro, que equivalía a conocer la victoria, a tener confianza en el triunfo por su energía,
inteligencia y valentía, a través de él, me pareció haber visto a Maceo.

“Cuando ya había amanecido, el cielo empezaba a despejarse, los nubarrones marchaban lentos, la niebla se despejaba… Todo se veía
limpio, azul, verde y el sol nos daba vida.

“De repente una muchacha menuda y hermosa, vestida de blanco me grita de forma reiterada: ¡Rebelde, rebelde, huyó Batista!
“Me acerqué a ella, le vi los ojos nublados, quizás de emoción, me repitió la noticia. Casi sin poder moverme, producto del tiempo que
llevaba montado a caballo y sin montura, me bajé del animal, escuché lo que quería explicarme, a decir verdad, no creí lo que me informaba y luego con energía, con carácter reiteró la noticia; me convenció.

“Salté de emoción y creo que hasta algunas lágrimas salieron de mis ojos. Me trajo café y enseguida se unieron varios campesinos.

Con lujo de detalles ratificaron lo expresado por la jovencita. Qué alegría todo aquello. Agradecido de la atención, abracé a todos los presentes, principalmente a la campesinita que primeramente me informó de la huida del tirano, aunque a decir verdad todo en mi mente estaba confuso.

“Continúe la marcha meditando en que cabía la posibilidad de ir para el llano, acercarnos a la ciudad, y enseguida vino a la mente que
tanta sangre derramada no había sido en vano.

“Cuando estaba próximo al campamento, casi hecho leña, observé el panorama, lo que sucedía allí era realmente indescriptible, emoción, nostalgia, felicidad, tristeza, de todo un poco; vi ecuanimidad, decisión de marchar hacia delante hasta la victoria.

“Me despedí del caballo, de los queridos, aguerridos y heroicos campesinos, de la muestra de solidaridad que siempre nos brindaron;
dimos abrazos y un hasta pronto; hubo lágrimas por ambas partes,dejábamos lo que ya queríamos, la gente, la montaña. Qué tristeza en nuestros corazones”, señaló Camejo.

Ahí hace un pare en su relato. Respira profundo y recuerda que el camino era casi intransitable, iban agrupados en un jeep descapotado, el avance era rápido y después de una breve pausa, les informaron el rumbo, la ubicación era Santiago de Cuba. Imagino la alegría que reinó en todos. A cada paso del trayecto fueron recibidos por el saludo y cariño del pueblo.

“La llegada a Santiago de Cuba… ufff, si se hubieran medido los latidos del corazón, las emociones, las palpitaciones, las tensiones
que cada uno de nosotros experimentaba, hubiese sido asombroso, y más cuando irrumpimos  en Quintero y vimos la bahía, la ciudad bravía, y a su pueblo, qué belleza era todo aquello, que conmovedor resultaba todo ese paisaje para nosotros, un acontecimiento que jamás olvidaremos. Su gente llena de emoción nos daba la bienvenida y nosotros éramos recíprocos como diciéndoles gracias, mil veces gracias por su contribución a la causa. Ahora los mambises sí entraron a la ciudad heroica”, puntualizó.

Su grupo fue destinado a ir para el Cuartel Moncada, aunque antes de llegar a ese enclave militar, solicitaron hacer un pequeño recorrido.

Bajaron la calle Enramadas hasta La Alameda, subieron por Aguilera hasta el Parque de Céspedes, contemplaron los edificios, la Catedral, su gente, su historia.

“¡Qué privilegio sentimos a estar en Santiago triunfante!”, destacó.

“Después de acontecida la rendición del cuartel Moncada, ya era de noche  y todos los rebeldes fuimos para el Ayuntamiento donde Fidel, nuestro líder de tantas batallas, iba a hablar, allí pronunció vibrante que la Revolución había triunfado. Ese fue el día más
importante en nuestra lucha revolucionaria”, agregó finalmente.

La vida de aquellos guerrilleros fue hermosa, pero a la vez sometida a dejaciones, sacrificios, dolor; el goce mayor estuvo en haberla dado por una causa justa que para muchos fue un honor,  y que siempre sentenciaron: el combatiente es de la Patria.

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