La Yeyé que no conocí

Categoría: Historia
Escrito por Maylín Camilo Castillo
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haydee samtamariaCuando era pequeña, escuchaba siempre hablar a mi abuelita, de una mujer valerosa, intrépida, femenina pero firme en sus ideas, muy sufrida y aun así con una fortaleza incorruptible, fiel ante todo sin mirar atrás. Luchadora incansable de la Revolución cubana. “Yo hice brazaletes, carteles, propagandas contra la dictadura, ¡ay! mi niña, pero nunca me atreví a hacer lo que Haydée hizo, que fue, ponerse en el frente de lucha, por eso la admiro y la seguiré recordando como un ejemplo para nosotras las mujeres”.


Siempre me contaba sobre la vida y obra de Yeyé como cariñosamente le decían, sus aportes a la lucha y su amor a toda costa por la Patria, soñaba con verla soberana, independiente y sin yugo, por eso luchó hasta que se alcanzó el tan ansiado objetivo, el triunfo, ese que nos desligó del lazo del opresor.
Por eso en la escuela cuando me mandaban a hacer algún trabajo sobre nuestros héroes, yo escogía una heroína, sin precedentes en la historia, Haydée Santamaría Cuadrado, y a medida que investigaba más sobre los hechos del Moncada más orgullo sentía de ella.
La antigua provincia de Las Villas la vio nacer, pero toda Cuba la vio crecer como una guerrillera audaz y sin medida, de todos los tiempos.
Luego del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, junto a su hermano Abel Santamaría y otros revolucionarios editan los periódicos clandestinos "Son los mismos" y "El Acusador" y ejecutan una intensa labor de agitación. Después de conocer a Fidel Castro, su pequeño apartamento de 25 y O en La Habana se convierte en centro del nuevo movimiento revolucionario, conocido como Generación del Centenario. Participó en las acciones del 26 de julio de 1953 y junto con su hermano, ocupó el Hospital Civil Saturnino Lora con el objetivo de apoyar a los asaltantes del cuartel Moncada.
Tras los sucesos fue hecha prisionera por el ejército. Para hacerla delatar, le mostraron un ojo de su hermano Abel y los restos de los genitales de su novio Boris Luis Santa Coloma. Pese a lo doloroso del procedimiento, no pudieron sacarle ninguna información y al contrario respondió firmemente: “...morir por la Patria es vivir”. Un acto sin precedentes que la colocó en una cúspide en la historia. En su alegato, La Historia me absolverá, Fidel, perpetuando el gesto de Haydée expresaría: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana” Heroína a toda prueba.
Como si la vida lo proporcionara, en una ocasión, haciendo prácticas profesionales, le realicé una entrevista a Melba Hernández, amiga entrañable de Yeyé. Con la voz enlentecida por los años, pero, las ideas bien claras, al preguntarle por la heroína, contestó: “ay mi Yeyé, mi hermana de lucha, aún la extraño, estábamos juntas en todo...” la única compañía que tenía en la cárcel luego del Moncada era ella, unidas recopilábamos las notas que Fidel lograba sacar de la prisión echas con zumo de limón de lo que salió su alegato de autodefensa...”
Con el inicio de la lucha guerrillera, Haydée participó en las acciones del Movimiento 26 de Julio tanto en las ciudades como en la Sierra Maestra, donde se creó el pelotón Mariana Grajales del Ejército Rebelde en 1958 y el cual estaba compuesto íntegramente por mujeres. De allí partiría al exilio, designada por Fidel como delegada del Movimiento 26 de Julio para aglutinar las fuerzas en el exterior y obtener armas.
Después del triunfo de la Revolución cubana, Yeyé trabajó un tiempo en el Ministerio de Educación y por una misión encomendada por Fidel, fundó la Casa de Las Américas, allí pudo reunir a los mejores artistas del momento a nivel internacional, creadora de la Nueva Trova, fue una de las fundadoras y miembro del Partido Comunista de Cuba.
Además de sus dos hijos, cuentan que llevaba niños para su casa y los cuidaba, como si ella fuera su madre con ternura y amor pues a ellos le faltaba ese afecto. A pesar de llevar esas responsabilidades nunca dejó de dedicarles tiempo a los niños.
No pude conocerla, pues la muerte se llevó su vida, que, aunque llena de logros, tenía mucha tristeza pues vio morir a seres muy queridos que entregaron todo a la lucha.
Hoy, su legado se mantiene vivo en La Casa de Las Américas, escuelas llevan su nombre, círculos infantiles y consejos populares también, está presente en cada momento en que le preguntó a mis niños, cuál es su círculo y me dicen yo soy de Yeyé.

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