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“(…) he tomado con mis propias manos mi vida y la he arrojado a tu balcón”

Categoría: Historia
Escrito por Yunier Sarmientos Semanat
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julio antonio mella tina modotti 580x461Solo se sabe que dos balazos acabaron con la cálida mirada que abrazó a Tina por última vez aquel 10 de enero de 1929. En una calle de México Mella había muerto, aún con un montón de ilusiones y cosas por hacer, entre ellas, amar.


Por eso todo en ese hombre es misterio y revelación. Y prefiero indagar en sus sentimientos hacia la que tildaron luego de su muerte como “mujer fatal”; como si el crimen hubiera sido pasional. Que no lo fue.


“Como si fuera el crimen más grande el que cometemos

al amarnos. Sin embargo, nada más justo, natural y

necesario para nuestras vidas”.


De sangre dominicana y británica, Mella era como una mezcla entre el volcán y la nieve, como la lluvia y un torbellino de ideas que siempre apuntaban a la dignificación del hombre, al progreso y la camaradería de quien asume el Comunismo como bandera y manera legítima de obrar bien en la vida. Por eso se le vio formar parte de la Liga Anticlerical, la Agrupación Comunista de La Habana y en tantas otras asociaciones nacidas al calor de la lucha revolucionaria, en aquella primera mitad del siglo pasado.
Por eso fue expulsado de la Universidad de La Habana y tuvo que exiliarse en México. Luego recorrió varias capitales europeas que contribuyeron a que se arraigaran aún más los ideales marxistas, fundó partidos, entre ellos el Comunista de Cuba, donde se reunió con “pinos viejos” y supo beber como nadie, de las experiencias de Carlos Baliño y de la memoria eterna de Martí.

“(...) Y cuando llegué al trópico, y comenzó el festín del

calor, con la selva y el cielo azul, ya sabes que me

parecía ver en cada espesura su complemento: aquella

espalda con aquel pelo negro, suelto como una bandera,

que era mi consuelo al no poder verte”.


Y por eso también Mella, el de la solidaridad internacional, de las largas brazadas en la bahía habanera, el de la lucha tenaz y el amor constante, falleció de entre nosotros para vivir eternamente en el corazón de Tina, y de Cuba.

* Fragmentos de la carta enviada por Julio Antonio Mella a Tina Modotti

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