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Juan en una tarde de septiembre (+Fotos)
- Detalles
- Categoría: Historia
- Escrito por Milagros Alonso Pérez / Fotos: cortesía del entrevistado
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Una tarde de sol intenso en Santiago de Cuba, casi asfixiante por el calor de septiembre, salí hacia un encuentro memorable. Sabía de antemano que una oportunidad de esa índole era única.
Minuciosamente escogí mis preguntas para el entrevistado; sin embargo, era complejo, casi de proeza, referirse a dos figuras históricas en toda la extensión de las palabras. ¡Pero a esta periodista recién graduada nada la aterra!, me sorprendí recitando entre dientes y dudas.
La primera cálida bienvenida fue de Raico, un canino de cinco años que lucía en su pelaje negro y blanco un aire de seguridad y protección hacia su dueño, Pedro Eduardo Fernández Cabrera, quien compartiese por más de 20 años amistad con Juan Almeida Bosque.
Juntos nos remontamos al asalto del Cuartel Moncada en el año 1953, cuando el palmero de nacimiento se alzó en combate. Desde entonces, ya admiraba al creador de La Lupe. Fue en la ciudad natal de Pedro, seis años después, que conoció en persona al Comandante de la Revolución Cubana.
Entonces pertenecía a la agrupación musical los Rítmicos de Palma, y en el cumpleaños 32 de Almeida le dedicase junto a sus compañeros una serenata con los boleros de la época. Sorprendido ante tal cortesía y con una recepción “en pijamas”, conversaron durante más de dos horas sobre el triunfo revolucionario, que daba sus primeros pasos; así como de música con uno de los amantes más fieles a esta manifestación.
Después de eso el reencuentro fue en territorio santiaguero, cuando Fernández Cabrera era director del puerto durante la zafra de 1970.
Al poco tiempo al compositor cubano de “Este camino largo” lo destinan como delegado del Buró Político en la provincia oriental. A partir de entonces se profundizaron las relaciones de trabajo y compañerismo.
Cuando se crea el Comité de Control Nacional del Partido Comunista de Cuba, con Juan Almeida Bosque como presidente, se hicieron más frecuentes las colaboraciones entre ambos. Cuando el gobierno requirió en La Habana al Héroe de la República de Cuba, los encuentros eran menos frecuentes pero memorables.
Así transcurrieron más de dos décadas de una relación inquebrantable, la que forjó a Pedro Eduardo Fernández Cabrera en su forma de actuar con firmeza, los principios, la manera de pensar, con la madurez que se solucionan los problemas, y el trato solidario hacia las personas.
“A veces haciendo una anécdota de algo te llevaba a la risa, sabía combinar contradictoriamente la seriedad y la sonrisa. Me llamaba la atención en ocasiones, pero siempre con el ánimo de ayudarme en la reflexión.
“Siempre fue muy familiar”, con estas frases mi entrevistado me transmite el sentimiento incomparable de conocer a Juan de toda la vida, a quien en esa tarde de septiembre lo tuve en tres palabras: “ejemplo”, “maestro” y “guía”.




