Veo los cuerpos sin vida de Tony, Otto y Pepito, caídos hace hoy exactamente 64 años en las alturas de la santiaguera escalinata de Padre Pico y no puedo evitar que se me incruste en la mente esa frase de la canción de Silvio.
“Pequeña serenata diurna” fue esa suerte de himno con que Díaz-Canel y los muchachos reunidos este domingo en el parque Trillo, conmovidos ellos mismos, conmovieron a buena parte de este país.
Aquel viernes 30 de noviembre, con Frank País y sus apenas 21 años al frente, ellos intentaron tomar el cielo por asalto con aquel alzamiento popular que debió servir de apoyo a los expedicionarios del yate Granma, quienes en su azarosa travesía desde México venían para zafar de una vez las cadenas que oprimían a Cuba.
Desde mucho antes, cubanos de poca edad se habían lanzado a la manigua por la libertad y con su sangre abonaron el triunfo de la Revolución que emergió victoriosa el Primero de Enero de 1959. Desde Céspedes, el iniciador, que dejó como muchos otros junto a él, fortuna y comodidades para ofrecerlo todo.
De esa materia sublime están hechos los caminos de la Patria, esos que hoy intentan convertir en lodazal los reunidos en San Isidro, aupados desde el mismo país cuyo gobierno aprieta hasta la asfixia la vida diaria de los cubanos.
Pero la tángana del Trillo fue apenas un aviso, una prueba al canto de lo que se les viene encima, aprovechando justamente a la inversa, para la insurgencia revolucionaria, esos mismos canales de Internet y sus redes tan espuriamente manipuladas para hacer daño.
Fue también una lección de los nuevos tiempos y de las armas nuevas que debemos utilizar porque cambiaron las circunstancias y hay que interpretar las señas que nos envían esos jóvenes, quienes por esas propias vías convocaron espontáneamente a alzar juntos las voces en defensa de la Revolución, desde un sitio tan especial de La Habana.
Cuando el país batalla a brazo partido contra la pandemia y se avecinan significativos cambios en su dinámica económica, en medio de restricciones materiales de todo tipo, se abren capítulos que recuerdan otros enfrentados con sabiduría y serenidad a lo largo de estos más de 60 años.
Una vez más, ante la provocación amamantada desde el Norte, que sigue siendo revuelto y brutal, saldremos victoriosos. La esperanza no se cansa de andar suelta.