Los buenos padres hacen todo para lograr el bienestar de sus hijos: tratan de darles la mejor alimentación, la mejor educación, vigilan su salud, sus resultados escolares y se esfuerzan para cubrir sus necesidades materiales y afectivas. Si este es su caso, estimado lector, le interesará descubrir los beneficios de una acción que puede potenciar muchísimo las capacidades de sus hijos, incluso desde pequeños. Me refiero a la lectura.
Leer es un hábito que ennoblece, dignifica y dota de capacidades y conocimientos que favorecen el desarrollo del ser humano, no únicamente en el ámbito académico o profesional, sino también en el aspecto personal. Sin embargo, una actividad tan útil y enriquecedora no siempre es prioridad en la educación de los niños en el hogar.
Muchas veces por ignorar los beneficios de la lectura, o por subvalorar las posibilidades de entretenimiento que ofrece un buen texto, algunos padres prefieren que los pequeños vean programas de televisión, películas o videojuegos; sin prestar mucha atención al contenido de estos –que en comparación con los libros infantiles suelen ser menos educativos.
Leer es una tarea que implica una mayor complejidad para el cerebro; mejora la concentración, fomenta habilidades como la comprensión y la interpretación, desarrolla la imaginación, ayuda a conocer el mundo que nos rodea, contribuye a ampliar el vocabulario y perfecciona la expresión oral y la ortografía. Además la lectura entretiene, apasiona, relaja el cuerpo y la mente, pues propicia un estado de calma y tranquilidad.
Si un niño lee habitualmente, tiene una mejor capacidad de retención y entendimiento para las asignaturas escolares; también aumenta sus conocimientos sobre personajes notables, costumbres, culturas, ciudades, tradiciones y todo lo que los rodea, de modo que este acervo sirve como base a lo que aprende en la escuela. Cuando el pequeño lee su cerebro traduce las descripciones en representaciones de lugares, personas, animales, objetos y estas imágenes potencian su creatividad.
Si bien los beneficios de la lectura son similares a cualquier edad, suelen ser mucho mayores cuanto más joven sea el lector. Por eso, usted desea fomentar este hábito en sus hijos, puede hacer varias cosas.
Es bueno predicar con el ejemplo, los niños imitan a sus padres e iniciarlos en el mundo de los libros será más fácil si ven que también los adultos se interesan por estos. También es bueno fomentar el contacto con los libros, compartiendo lecturas del interés de los pequeños como cuentos infantiles con imágenes llamativas; de manera que esta tarea les parezca un acto de diversión y no una obligación. Esto puede hacerse incluso antes de que aprendan a leer.
Asimismo, se les debe leer en voz alta textos que le agraden; si un libro resulta aburrido, olvídelo y busque otro que sea más interesante. Otras acciones como regalarles libros, llevarlos a la biblioteca, animarles a participar de la lectura incitándoles a adivinar el final del cuento, preguntándoles qué opinan del personaje que más les gusta, qué harían en su lugar y aproveche para fomentar valores.
Finalmente, en la medida de sus posibilidades cree una biblioteca familiar. No importa si tiene pocos textos, intercambie con amigos los que ya haya leído por otros para compartir con sus hijos. Le aseguro que va a notar los resultados y se sentirá orgulloso de hacer de sus pequeños personas más inteligentes, con criterio propio y valores que van a acompañarlos toda la vida.
“Leer es crecer”, dijo José Martí. Incentive ese hábito y verá a sus hijos crecer sin límites.