
Madres por cuenta propia, como la mía, que sin patente o impuesto, tienen por necesidad o pretensión que criar a sus hijos ellas solas, esforzándose el doble para ser dos personas en una, para tratar de llenar los espacios que se van creando a medida que comienzan a crecer en el niño interrogantes propias de la edad y el medio social.
Traer al mundo a una criatura es un acto natural, pero ser Madre (y más si lo es por esfuerzo individual) es más difícil, estas líneas de Isabel Allende bien la describen: “Ser Madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.
“Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, y que tomen leche.
“Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias, sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada...
“Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega, hacerse la dormida para no fastidiar, aunque no siempre es fácil y alguna vez te pillan despierta
“Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora presenta exámenes... Es llorar cuando ve a los hijos contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.”
Perfectas por el hecho de continuar a solas un camino hecho para dos, dejan de ser propias, para ser de sus hijos y se dividen en muchas partes, buscando siempre sobrar para todo, atentas a lo más mínimo en la formación de su “producción independiente”, deben sortear inventando las soluciones más inverosímiles, las muchas dificultades que significa, ser guía, sustento y ejemplo.
A las madres solteras, que siempre están ahí para sus hijos quiero escribirles algo y aunque dudo que pueda resumir en algún espacio material lo que significan, voy a hacer el intento, porque dan todo de sí, aun cuando muchas veces no puedan dar más.
La “producción independiente” que escribe estas líneas, nació el mismo año del derrumbe del campo socialista con todo lo que eso implicó y mi hermanito, otro “esfuerzo propio”, (para variar), llegó en pleno período especial, pero a pesar de que faltaron cosas materiales, nunca faltó mamá, incluso hoy cuando la vida y el tiempo de vez en cuando nos han marcado distancia, tampoco falta.
Creo que tener que criarme sola, la hacía preocuparse el doble, mi progenitora dirigente desde que tengo uso de razón me llevaba de reunión en reunión, de acto en acto, sobreponiéndose a las dificultades que entrañaban las necesidades propias de su juventud y de la mía.
Sé que cambié su vida al nacer, con todo lo que eso implicaba y luego vinieron para ella tiempos de adaptación en los que sus intereses ya nunca más serían los mismos, sé que se pasaba largas horas frente al espejo, que se maquillaba, que le gustaba salir, que tenía la casa arreglada, se compraba mucha ropa y que se preocupaba por ella.
Ahora sé que por mi causa, pasaba frente al espejo como si no lo viera, no salía casi a ningún lado, se pasaba los días ordenando todos los lugares por los que desandaba su niño, que en mucho tiempo no se compró ropa nueva y que su única preocupación solo fui yo.
Pero sé también que para ella no hubo mejor espejo que mis ojos, mejor maquillaje que mis caricias, mejor lugar donde ir que mi voz llamándola, mejor orden en la casa que mis cosas tiradas por doquier, ropas más lindas que vestirse con mi abrazo y preocupación más grande que un te amo mamá.
Como dijo la escritora peruana Isabel Allende: “El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho y decirles lo mucho que la quieren. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano. Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.”