¿Despedidas? No, inolvidables experiencias
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- Categoría: Opinión
- Escrito por Nazín Salomón Ismael / Foto: Tomada de Prensa Libre
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Regresar a las aulas siempre satisface. Llega septiembre, energizado y dinámico, con la expectativa de que “este será un año productivo”. Las materias se complican; conocemos nuevas personas, quizás nos enamoramos. Cierto que todo se hace más difícil, pero, así es la vida del estudiante, un “no acabar” de emociones y experiencias.
Pasan los meses, organizados por períodos a evaluar. Luego, llegan los exámenes, para algunos con lágrimas, pero siempre logran su cometido: hacernos subir un peldaño más en el conocimiento. Después, la despedida. Graduaciones, fiestas, planes para garantizar el reencuentro con los amigos que, sin imaginarlo, llegan a ser parte de nuestra familia.
“Ha sido un curso de retos, y cada año está más fuerte”, escuché decir. Pasamos por distintas enseñanzas; prácticamente invertimos un cuarto de siglo en los estudios y, aunque muchos crean que no vale la pena, los que sí hemos persistido lo agradecemos toda la vida. Nunca es vasta la experiencia, al menos para hacerlo todo, pero siempre aprendemos un poco más.
Recuerdo las discusiones con mis compañeros por no estar de acuerdo en algo, para mí era como el Coliseo romano atestado de gladiadores, todos empuñando nuestras mejores armas dialécticas; al final, alzábamos el pulgar pues, lo importante era demostrar la validez de nuestro criterio. Esa es la esencia de la verdadera educación.
Son momentos que no se olvidan; desde la primera mala evaluación hasta el mayor reconocimiento. En fin, nos hacemos adultos con licencia para ejercer nuestras profesiones. Tiempo después, analizamos que la vida pasa con nostalgia, tristeza, y alegría ya que, primero que todo, guardamos esas experiencias como un invaluable tesoro.

