Tal vez la edad más hermosa, y también la de mayores riesgos, es la adolescencia.
Si bien es la etapa de la vida en que se combinan como nunca antes y nunca después, las ilusiones, los descubrimientos, la belleza y la salud; es también el período en el que los accidentes constituyen la primera causa de muerte y enfermedad. Y esta realidad la confirman las estadísticas históricamente registradas en Santiago de Cuba, donde cada año fallecen personas de entre 10 y 19 años a causa de lesiones no intencionales como consecuencia de caídas, accidentes de tránsito, asfixia por sumersión e intoxicación, fundamentalmente.
Por eso, como explicara la especialista en Pediatría, Dra. Erlis Mengana, del Hospital Infantil Norte de esta ciudad, corresponde a los padres y tutores fomentar en los jóvenes una educación en el autocuidado y la responsabilidad para con su salud, que les permita identificar y evitar situaciones de riesgo.
“Esta es una edad en la que es cada vez mayor su independencia: frecuentan lugares en compañía de los amigos y no de sus padres; y realizan solos actividades que en la infancia les estaban vedadas o que solamente podían hacer bajo la supervisión de los mayores.
“Pero no por eso los padres podemos estar tranquilos y confiados. Los riesgos a los que pueden exponerse se reducen si los jóvenes cuentan con las herramientas necesarias para prevenirlos; y estas herramientas –dígase conocimientos, prudencia y responsabilidad- se van consolidando desde la niñez. Por eso, a medida que crezcan se les debe enseñar a protegerse”, enfatizó la especialista.
A decir de la pediatra, es necesario hablarles de las precauciones en la vía pública; informarlos sobre las señales de tránsito y la seguridad en el manejo de bicicletas –evitando circular en horario nocturno-; así como el uso del casco para trasladarse en moto. La educación vial es un valioso eslabón en la prevención de siniestros.
En este sentido, es importante llamar la atención de algunos adultos que –con el ánimo de adiestrar a los más jóvenes de la familia en el manejo de vehículos o motos- les permiten conducir en áreas donde no suele haber agentes de tránsito. Los adolescentes tienen menor conciencia del riesgo y conductas más temerarias cuando conducen, por eso lo más aconsejable es postergar tal aprendizaje para los 18 años y siempre con el acompañamiento de un adulto.
Evitar juegos en azoteas, escaleras, balcones, muros y otros lugares altos podría parecer una recomendación válida solo para los padres de niños pequeños; sin embargo, cada año se lamentan muertes o lesiones en jovencitos debido a caídas. Acciones osadas como columpiarse excesivamente o realizar acrobacias en bicicletas, son causa de graves accidentes.
El cuidado en el agua es otra de las cosas que debemos inculcar a los hijos desde que comienzan a tener conciencia del mundo a su alrededor. Siempre que sea posible, los bisoños deben disfrutar de playas, ríos, piscinas y otros lugares de recreo junto a adultos responsables.
A decir de Mengana, el ahogamiento es una importante causa de morbilidad y fallecimiento en esta etapa de la vida. Generalmente, la asfixia por sumersión se produce por el incumplimiento de normas de seguridad y el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
Siempre que vayan a nadar, los muchachos deben estar acompañados y sobrios; no deben zambullirse en lugares donde se desconozca la profundidad ni bañarse en sitios que no han sido habilitados para ello.
“Una pauta general para los padres en la crianza de los hijos debe ser el rechazo al consumo de cigarros, alcohol y drogas. Y cuando se trata de precaver esto cobra aún más valor.
“El consumo de bebidas alcohólicas o de estupefacientes aumenta considerablemente el riesgo de sufrir lesiones por caídas, accidentes de tránsito, ahogamientos, agresiones físicas e intoxicación”, puntualizó la experta.
Observar a los hijos, saber adónde van, con quién y qué hacen; darles confianza y dotarlos de conocimientos sobre los riesgos que les rodean y el modo de protegerse -sin dejar de disfrutar la alegría de su edad-, no solo es una manera de hacer más feliz a los chicos... Se trata, primero que todo, de garantizar su seguridad, su bienestar y su vida. Necesitan independencia, necesitan responsabilidad y más que todo, necesitan de sus mayores.
Es verdad que ya no son niños... pero tampoco son adultos.