El presidente norteamericano, Joe Biden, marcha a la vanguardia de la comparsa de la mafia miamense –y acólitos internos-, que llevan a cabo una rabiosa campaña mediática contra Cuba.
En ocho meses en el poder, no sólo ha dejado intactas las 243 medidas punitivas impuestas por la anterior administración trumpista, sino que ha ratificado otras –además del sinnúmero de leyes y medidas- que mucho afectan a este país.
Al parecer, el Presidente piensa que con esto, sazonado con la propagación de la falsa matriz de crisis, la incapacidad de resolver la pandemia de la Covid-19 –por cierto no resuelta por ningún país del planeta- y la opinión de que la isla es “un estado fallido”, pueda lograrse consenso sobre la necesidad de un “corredor humanitario para Cuba”, que nadie le ha pedido.
Afirmación desafortunada del señor Biden, pues es inocultable el enorme trabajo y esfuerzo de muchos dirigentes, científicos, especialistas, médicos, enfermeras, estudiantes de medicina y trabajadores de la Salud, por salvar vidas.
En respuesta, más de 4 400 personas –incluyendo a artistas, intelectuales y prominentes personalidades de todo el mundo- habían firmado, hasta la semana anterior, la carta de científicos cubanos.
Como reporta Granma, ningún organismo internacional calificado ha sugerido la necesidad de intervenir aquí para administrar vacunas, al contrario, han solicitado la ayuda de los expertos cubanos en los esfuerzos mundiales por eliminar enfermedades como la poliomielitis y la meningitis.
¿Entonces?
El señor Biden arguye el elemento de la “intervención humanitaria”, que después se convierte en intervención militar, como ha ocurrido en otros países, como una Espada de Damocles –personaje de la mitología riega-; una velada amenaza, para provocar el miedo, en su afán de derrocar la Revolución cubana.
El Presidente debería preocuparse y contribuir a reducir, hasta eliminar, las amenazas que hoy ponen en peligro a toda la humanidad, como el cambio climático, la pérdida continua de biodiversidad y la explotación extrema de los recursos naturales por parte de los países más desarrollados, la ausencia de la solidaridad y esfuerzos conjuntos de pobres y ricos, cuya naturaleza dan lugar a los desequilibrios que implican hoy un verdadero peligro para la vida de todos.
Como ha expresado nuestro presidente Díaz-Canel, Cuba está abierta al debate acerca de las diferencias de cualquier tipo que existe, lo que es inadmisible es el uso de la violencia, incluyendo el lanzar piedras contra las vidrieras de centros comerciales y el robo de sus productos y mercancías, y la agresión al pueblo y las autoridades, para exponer o reclamar, con razón o sin ella, cualquier deficiencia o necesidad que tengamos.
Lo que no pueda olvidarse es que defender la Patria, es un deber y un derecho constitucional de los cubanos.