Se hace difícil describir a los cubanos. Su combinación de elementos lo hacen un ser único, irrepetible, inigualable, sin dejar de lado, la herencia machista de los tiempos de antaño que se enraizaron en América Latina.
El Decreto-Ley 234, "De la maternidad de la trabajadora", emitido en agosto de 2003 y que actualizó la ley de maternidad cubana vigente hasta entonces con diversas prestaciones, es un gran aporte en materia de igualdad.
Desde ese momento quedó instituido de manera jurídica que tanto padres como madres están en equidad de condiciones para la protección de los infantes.
Su artículo 16, por ejemplo, establece que “una vez concluida la licencia postnatal, así como la etapa de lactancia materna que debe garantizarse para propiciar el mejor desarrollo de niños y niñas, la madre y el padre pueden decidir cuál de ellos cuidará al hijo o hija, la forma en que se distribuirán dicha responsabilidad hasta el primer año de vida y quién devengará la prestación social”.
Por eso trataba yo de encontrar respuesta a no pocas herencias "machistas" que instituyen tabúes y configuran comportamientos, también marcados por la desinformación y que están presentes en algunos hombres a la hora de decidir si se acogen a una licencia laboral para cuidar de sus hijos. Escasos padres cubanos han ejercido ese derecho.
Aun cuando podamos alegar desconocimiento en cuanto a la ley y los beneficios que brinda para esposos con parejas con un mayor salario, hombres con compañeras que necesitan terminar determinados estudios, problemas de enfermedad de la madre y hasta su fallecimiento, actitudes prejuiciadas sobre la complejidad y compromisos de ambas partes en el desarrollo de la familia, se mantienen.
Por una parte tenemos a los hombres que se creen superiores a las féminas, debido, en gran medida, a los patrones sociales, y mujeres que se atribuyen la atención exclusiva del hijo adoptando una posición similar, porque el cuidado del menor siempre se ha considerado "una tarea de las madres".
Lo cierto es que la paternidad todavía no se ve como una parte importante, ya sea por prejuicios o resistencias tanto en hombres como mujeres, estereotipos en los patrones establecidos para el cuidado de los infantes dentro de la sociedad o por ignorancia de las leyes.
Más que “robar” a las mujeres el cuidado de los hijos esta ley posibilita que se rompan moldes rígidos, que se equiparen, que se igualen los roles de uno u otro sexo.
Hay que eliminar los pensamientos de que los hombres solo son rudos, torpes, insensibles, y las mujeres frágiles, buenas madres o esposas, y asumir, desde la sociedad pero más aún, desde nuestras familias, actitudes que promuevan una paternidad responsable.
Se necesita crear condiciones de igualdad para que las mujeres puedan dejar sus hijos al cuidado de los padres sin que sean consideradas "malas", y que los hombres se ocupen de la atención de sus hijos sin ser tratados bajo términos prejuiciosos.
Tenga en cuenta que en esta, como en otras materias todos somos iguales; que la elección de tener un hijo es de ambos y así debe ser su cuidado, eso es también, derecho del padre.