Parecía que iba a ser otro amanecer más. Que las cosas seguirían como hasta el momento y que nada iba a cambiar. Pero empezaron a llegar las noticias, el rumor se expandió y todos supieron que ese día era verdaderamente el inicio, no solo de un nuevo año, sino de una nueva vida.
Para los cubanos, los acontecimientos se dividen en gran medida en antes y después del Primero de Enero de 1959. Fue el hecho más trascendental de la historia patria. Por primera vez podrían diseñar su destino sin sujeciones externas. Fue un parteaguas que cambió para siempre los destinos de un país y, por supuesto, el de cada una de las personas que lo habitaban.
Desde entonces han pasado muchas cosas, algunas muy buenas, otras no tanto, pero todas han partido del deseo de mejorar.
Por suerte para los jóvenes de ahora mismo, no todo está hecho. Hay muchísimo camino por delante, historias que escribir, mil razones para seguir en revolución, esa palabra que significa cambio y que por ningún motivo puede detenerse. Y a ese empeño estamos llamados, porque se trata de analizar el camino recorrido para hacerlo mejor, de entender dónde está el problema y acudir a resolverlo, de contribuir y no de sentarse a criticar.
¡Qué bueno que tenemos tanto que hacer! Es fundamental saber que la historia está en las manos de cada uno de aquellos que todavía no habían nacido cuando se inició la transformación, pero que están conscientes de cuánto depende de ellos y van a lograrlo, partiendo de lo hecho, llevando sobre sus hombros esa trayectoria que nos viene desde Aponte, Céspedes, Agramonte, Maceo, Guillermón, Martí; y por supuesto, también Mella, Guiteras, Che y Fidel.
Saben los jóvenes que la responsabilidad depende en gran medida de ellos y saben, también, que seguirán el camino que se fijó aquel día Primero, aquel en que ocurrió el parteaguas.