Unión familiar: Reto de hoy

Categoría: Opinión
Escrito por MARÍA DE LAS MERCEDES RODRÍGUEZ PUZO
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fliaEn un politécnico de esta ciudad un equipo de investigadores realizó una encuesta con el objetivo de conocer las prioridades de los adolescentes.

La consigna simple, enumerar en orden de importancia 10 elementos: ir a la discoteca, salir del país, estudiar, unidad familiar, tener hijos, graduarse en la universidad, las relaciones sexuales y otros tres. Aplicaron la técnica en un aula donde la edad oscila de 17 a 18 años.

Al terminar la encuesta, los muchachos comenzaron a hablar sobre sus respuestas, Claudia forma parte del grupo y fue la única que marcó en primera opción la unidad familiar, el resto de las propuestas se dividieron según los intereses particulares. La muchacha se inquietó y preguntó cómo la unidad familiar va a ser menos importante que las demás opciones. Una de las amiguitas le contestó: “Como tú vives en una casa grande y son poquitos no pasas trabajo, en la mía somos ocho en tres cuartos, tengo que hacer cola para entrar al baño, me cogen el champú y el perfume, no puedo ver mi serie televisiva si se me adelantan. Quisiera vivir sola”.

La vivencia de la chica puede repetirse a diario en miles de hogares santiagueros, afectados por la convivencia en una misma casa de varias generaciones y familias. Conozco a una señora de unos cincuenta y tantos años que comparte piso con dos hermanos, la mamá, un sobrino y su perra. Tiene una hermana que no reside en el hogar común, pero se la pasa allí con sus dos hijas y dos nietas. La señora en cuestión trabaja, al terminar su labor, llega a la vivienda –llena de gente- y le toca lavar, baldear, adquirir los alimentos, cocinar para el batallón y fregar cuando todos terminan de comer. Si un día no lo hace, la madre comienza a maldecirla y le dice que es mala agradecida y despreocupada, y nos preguntamos quién se preocupa por ella y la doble jornada más la violencia verbal a que está expuesta.

Aunque todos los ejemplos de familias numerosas no son negativos, Carmen hoy cuenta con 74 primaveras y cinco hijos.

La madre soltera lavaba y planchaba para la calle, educó a sus pequeños con necesidad más seriedad y responsabilidad, la Revolución les brindó la posibilidad de estudiar en la universidad, una sola no lo hizo por presentar retardo en el aprendizaje, la pusieron en una escuela de oficios y al igual que sus hermanos hoy también trabaja.

El primogénito se casó con una muchacha de Palma Soriano y se mudó al municipio. El resto se multó y le echaron placa a la casa, se dividieron y cada uno posee su pedacito. Se llevan bien, se ayudan, corren al hospital si alguno se enferma, arman grandes cenas los días festivos, constituyen una familia unida.

La psicóloga Maite Pérez Millet opina al respecto: “Lo ideal para mucha gente es tener una casa donde no convivan más de una familia y de ser así que cada miembro tenga su espacio propio, dígase las parejas, adolescentes, los niños en su cuarto, los adultos mayores, y que incluso los recursos dentro de la vivienda puedan ser compartidos de manera equitativa para evitar confrontaciones.

“Esa no es la realidad para un buen número de cubanos, existen limitaciones materiales y un fondo habitacional que no cubre todas las necesidades, cohabitan varias generaciones donde no hay un cuarto para cada miembro, está el matrimonio con los hijos dentro de una habitación, a veces la división es un armario o una entrada sin puerta, con una cortina. Pero lo que más agrava la situación de la unidad familiar no son las carencias materiales, sino la pérdida de determinados valores y recursos personales que antes estaban presentes. Aún cuando había las mismas necesidades económicas se podía convivir en mejores condiciones, dígase el entender la privacidad, antes de entrar al cuarto se tocaba la puerta o se pedía permiso, había una comunicación respetuosa entre padres e hijos, cada uno asumía el rol que le tocaba, la división de las tareas, horarios establecidos de desayuno, almuerzo y comida hallando -aunque hubiese desencuentros- momentos para compartir, todo esto hacía más llevadera la convivencia.

“Es importante tener un techo seguro, agua, alimentos, dinero, pero es imprescindible para que exista la familia que haya afecto, respeto, límites, horarios fijados, educación.”

Aunque reconocemos que se realiza un amplio plan inversionista en materia de viviendas, aún no son suficientes los espacios habitacionales. Mientras me atrevo a sugerirles varias alternativas para lograr la armonía hogareña. Respetar la individualidad e intimidad de cada persona es vital, ver a nuestros familiares como personas amadas con sus virtudes y defectos que pueden sentirse heridos si los violentamos e intentamos que sean iguales a nosotros.

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