El enemigo público número uno… ¡vive contigo!

Categoría: Opinión
Escrito por ODETTE ELENA RAMOS COLÁS
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zikaDicen que llegó de África, donde surgió hace más de 500 años. Durante la época del tráfico de esclavos, se refugió en los barcos negreros, adhiriéndose en forma de huevos y larvas a los bordes de barriles con agua. Cuando las naves piratas arribaron a tierra americana, comenzó a reproducirse en diversos recipientes sobre las costas.

Pronto se volvió muy fuerte y se extendió a diversas zonas del continente, sobre todo a las urbanas. Los polizones africanos de nombre Aedes Aegypti, descubrieron aquí un clima tropical, favorable para reproducirse. En las familias que formaron, el machismo no era un problema pues estaban regidas por la hembra, la matriarca.

Ella salía cada dos o tres días, para alimentarse de sangre de mamíferos, fundamentalmente humana, necesaria para el desarrollo de sus huevos, lo que le hacía vivir entre 15 días y un mes; mientras que el macho prefería los néctares de plantas, con la existencia limitada a una semana.

Estos hábitos hematófagos de la hembra, la hacía molestar y picar constantemente a hombres y mujeres, quienes sin saberlo le estaban dando acogida en sus hogares.

Luego de degustar el rojo fluido, esta descansaba en lugares oscuros, con altas temperaturas y humedad, para recuperar fuerzas y repetir la acción un par de jornadas después.

El amanecer o antes del anochecer, resultaban los mejores horarios para adquirir las proteínas pertinentes, aunque esto no las limitaba. Con una vida relativamente corta, las “mosquitas” vivían intensamente.

En ese período podían poner varios ciclos de centenares de huevos, capaces de esperar hasta un año a que las condiciones de humedad y temperatura fueran las adecuadas para desarrollarse. Nunca pudo volar largas distancias ni a grandes alturas, de ahí que adquiriera un comportamiento domiciliar, acostumbrándose al ambiente del hombre.

Esa misma capacidad de adaptación le permitió llegar a nuestros días, representando con solo pocos milímetros un gran peligro para el mundo.

Fue el científico cubano Carlos Juan Finlay quien descubrió y demostró en 1881, que este insecto tenía la capacidad de transmitir la Fiebre Amarilla.

Hoy, es sabido que además transporta tres virus que en una suerte de “coevolución”, se adaptaron para reproducirse dentro de él: el dengue, enfermedad conocida también como “fiebre rompe-huesos”, porque quienes la padecen sufren dolores articulares y musculares, fiebre alta y otros síntomas; el virus chikungunya, cuyo nombre proviene de una dolencia africana que se traduce como “doblarse de dolor”; y más recientemente el zika, asociada con parálisis y microcefalias en recién nacidos.

Como la hembra es la que pica, también es la que transmite las enfermedades. No las produce, sino que al alimentarse de una persona enferma, el virus va en la sangre que succionan. Este pasa a sus glándulas salivales donde no se coagula, sino que se procesa para ser transmitido.

Ni siquiera requiere estar llena, porque la carga viral se transfiere con solo encajar su afilada punta en el cuerpo humano; lo que es posible mediante una estructura en su cabeza, dentro de la que se encuentran los estiletes con los que producen las picaduras.

El Aedes Aegypti hace poco ruido en su vuelo y suele picar en las partes bajas del cuerpo o por la espalda, la mayoría de las veces sin roncha; son muy persistentes en sus intentos de ataque, por lo que espantarlos con las manos usualmente no funciona.

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Los mosquitos reposan en lugares oscuros y tranquilos, dentro de nuestras propias casas. Gustan de los dormitorios, los baños y las cocinas, donde hay losetas; bajo sillas y mesas, detrás de los armarios; se posan sobre muebles oscuros, en las cortinas y en la ropa colgada; por eso siempre hay que revisar.

Se reproduce muy fácil, y el problema con los huevos es que son prácticamente microscópicos y se observan como una mancha de hollín; de ahí la recomendación de que los depósitos de agua, sean cepillados antes de usarse.

El mosquito vive con nosotros, prácticamente en cualquier sitio donde haya agua estancada y limpia: recipientes descubiertos y abandonados, neumáticos desechados, en canalillos de los patios, macetas, botellas, palanganas, bebederos de animales, floreros, tanques, cisternas, latas, u otro depósito que pueda contener el preciado líquido, tanto en apartamentos, casas, oficinas, o sus alrededores.

Este zancudo parece estar genéticamente preparado para resistir los intentos del hombre para exterminarlo. Tanto es así que se estima que en el mundo mueren, por año, unas cinco personas comidas por tiburones, y alrededor de tres millones por picaduras de mosquitos. Un sencillo ejemplo de que el diminuto insecto mata a más individuos que cualquier otro animal sobre la tierra.

Si no entendemos este vector como un problema social, no entendemos nada. La manera de enfrentarlo, tiene que ser de la sociedad en su conjunto. Individualmente uno puede ser limpio, pero si tenemos un vecino que no higieniza y tiene criaderos, el problema es de todos.

Por tal motivo, la mejor forma de combatirlo es eliminando los potenciales focos. Se recomienda, al menos una vez por semana, la limpieza de patios, prescindiendo de recipientes artificiales que retengan agua y que no son de utilidad; tapar o colocar boca abajo los elementos que puedan acumular el líquido; minimizar la vegetación que se encuentra fuera del domicilio y evitar encharcamientos; etc.

Recuerde que no hay acción individual que acabe con el mosquito, por lo que es imprescindible la participación activa de toda la comunidad. La fumigación es eficaz para erradicarlo en su fase adulta y solo funciona si se lleva a cabo simultáneamente con actividades larvarias de exterminación de focos, como el tratamiento con abate en los depósitos y flameado.

El Aedes Aegypti tiene en jaque a toda la región pues su presencia aumenta el riesgo de diseminar las patologías mencionadas anteriormente; y como la naturaleza no entiende de fronteras, la sola existencia del vector, nos pone en peligro.

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