Santiago de Cuba,

Diez de octubre: el combate y el sacrificio abrazados en la victoria

09 October 2022 Escrito por 

El Comandante en Jefe Fidel Castro sintetizó en su pensamiento y su obra el ideal libertario de generaciones de cubanos y de los patriotas que en cada etapa de lucha simbolizaron a todo un pueblo. Una definición suya ratifica esta aseveración: “Porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”.

Así, se consideró no iniciador de la Revolución cubana, sino continuador de las gestas independentistas de Céspedes y de Martí. Y fue protagonista de la última etapa de esa lucha, iniciada el 26 de julio de 1953.

Fidel reconoció en el Padre de la Patria un símbolo del espíritu de los cubanos de aquella época, y de la dignidad y la rebeldía de todo un pueblo-todavía no homogéneo- que comenzó a forjarse como nación.

Lo consideró como el más decidido de los conspiradores de entonces, con justificados motivos para iniciar sin dilación el alzamiento contra la dominación española en Cuba, impidiendo que las autoridades españolas pudieran hacer abortar el inicio de la guerra independentista y repetir las historia de movimientos revolucionarios que habían terminado “en la prisión o en el cadalso”.

La decisión, por muchos criticada a Carlos Manuel de Céspedes, de adelantar la fecha del alzamiento, fue considerada correcta por Fidel, aún cuando los recursos eran escasos, las armas pocas e insuficiente la preparación del pueblo. Y sobre el mérito del jefe de aquella gesta, diría:

“Lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país (…)”. 

Para Fidel, aquella fue una contienda gloriosa, tronchada, como lo había analizado José Martí, no por la fuerza de las armas españolas, sino por la falta de unidad de los cubanos, lección que serviría como experiencia para las futuras contiendas. La Demajagua fue simiente de la cual brotaron los gloriosos amaneceres del 24 de febrero y del 26 de Julio, cuyo fruto fue el 1ro. de enero de 1959.

Fidel admiró  a la legión de patriotas surgidos de aquella epopeya independentista, además de Céspedes,  como fueron Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, entre otros muchos. Y sintió una profunda admiración y respeto por una excelsa cubana: Mariana Grajales Cuello.

En el acto de constitución de la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto de 1960, expresaría el Comandante en Jefe:  “Aquí no solo luchan los hombres; aquí, como los hombres, luchan las mujeres”.  Y no es nuevo, ya la historia nos hablaba de grandes mujeres en nuestras luchas por la independencia, y una de ellas las simboliza a todas: Mariana Grajales.

Admiró a Mariana como madre de los Maceo, y como mujer con la grandeza  de ofrendar a la patria no solo el esfuerzo y la sangre de sus hijos y su esposo, sino también su sacrificio en la manigua cubana.

Una prueba del alto concepto de Fidel sobre esta mujer considerada como la Madre de la Patria, fue cuando en septiembre de 1958, durante la guerra revolucionaria, fue por él constituido un pelotón de 13  mujeres combatientes, cuyo nombre fue Mariana Grajales. Ellas honraron ese nombre en diversos combates y ganaron el reconocimiento  de ser llamadas:  Las Marianas.

Con mucha razón se ha dicho que Fidel fue el más aventajado alumno de José Martí. Nadie como él convirtió las ideas martianas en convicciones, en acciones  y  en obra  revolucionaria. Fidel rompió los mármoles que enclaustraban los pensamientos de nuestro Héroe Nacional, los cuales se esparcieron por toda la nación cubana – y más allá- convirtiéndose en conciencia de pueblo.

Junto a Fidel y sus compañeros, José Martí combatió en el Moncada, como autor intelectual. Martí, habló en el juicio del 16 de octubre de 1953, cuando Fidel pronunció su alegato  La historia me absolverá. A veces hablaba Fidel, a veces Martí. Las ideas se entrelazaban. Y  de esa armonía de pensamiento nació el programa del Moncada.

Durante su prisión en Cuba, Fidel estudió profundamente el ideario martiano. Y se fraguó la estrategia de la lucha para la victoria definitiva.

Como Martí, Fidel logró la unidad de los revolucionarios para reiniciar la guerra por la libertad e independencia de la patria. Como Martí, con pocos recursos, fue capaz de levantar a todo un pueblo. Como Martí, fue el David que enfrentó a Goliat. Los dos fueron patriotas, revolucionarios, latinoamericanistas y antiimperialistas.

Las ideas martianas sufrieron y se fortalecieron durante el exilio en México, surcaron el Caribe en el Granma, escalaron las montañas de la Sierra Maestra, se difundieron por los llanos y ciudades hasta que, convertidas en fuerza de pueblo, pulverizaron los grilletes de la esclavitud y  trajeron a la patria la libertad  peleada desde Céspedes hasta Fidel.

José Martí creó un solo partido para dirigir la guerra. Fidel creó un solo partido para dirigir la Revolución triunfante. No hay realización revolucionaria que no tenga como base la prédica martiana. Con pocas palabras lo definió el poeta: Te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió.

Sobre el Apóstol de nuestra independencia, dijo Fidel que había sido” el más grande pensador político y revolucionario de este continente. Y conceptuó como un privilegio “poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra de José Martí”

En este 10 de octubre, los santiagueros, en nombre de todos los cubanos, asistiremos a un hecho trascendente de la historia patria. Concentrados en pocos metros de tierra, los restos gloriosos del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes; los de la Madre de la Patria, Mariana Grajales Cuello; del Héroe Nacional cubano, José Martí. Y del Comandante en Jefe Fidel Castro.

La síntesis de la historia cubana, desde el grito de ¡Independencia o Muerte!, de Céspedes, el de ¡Libertad o Muerte! de Martí, hasta el ¡Patria o Muerte! de Fidel, ya con la Revolución triunfante.  La patria toda simbolizada en ellos. El combate y el sacrificio abrazados en la victoria.

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Orlando Guevara Núñez

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