Santiago de Cuba,

Del bloqueo y otros demonios...

05 November 2022 Escrito por 

Nadie tiene que explicarnos lo que es y cómo se siente vivir signados por las consecuencias de una guerra económica porque eso es asunto de todos los días, aunque algunos se crean la historia de que el bloqueo “es muela”, que solo afecta al Gobierno y que las múltiples privaciones sufridas por la población se deben a la “maldad” e “ineptitud” de los decisores.

La política estadounidense hacia Cuba no está diseñada por tontos y sus objetivos han sido muy claros desde los inicios de la Revolución. Hace 62 años, un funcionario estadounidense remarcaba en un informe para el presidente Dwight D. Eisenhower, que la presión económica contra el pueblo sería la única forma de fracturar el apoyo de los habitantes de la Isla al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

"La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (...) no existe una oposición política efectiva (...) el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del descontento y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas."

Cualquiera que sepa interpretar, comprende que no se trataba de afectar al Gobierno, sino de hacer difícil la vida de la gente para que culpara a la Revolución misma. Y a esa fórmula han apostado 12 administraciones norteamericanas, que por una parte perfeccionaron los métodos de persecución a las transacciones financieras y comerciales de Cuba, y por otro intensifican la satanización de todo cuanto implique soberanía y autodeterminación para este país… y eso, claro, incluye a los dirigentes. Es una lógica simple, cruel, pero logra engañar a más de un ingenuo.

El hecho es que la “buena voluntad” gringa hacia el pueblo cubano ha socavado todos los programas de impulso a la producción de bienes y servicios, y ha impactado  desfavorablemente en sectores económicos y sociales fundamentales, al punto de convertirse en el principal freno para el desarrollo de este país. Así lo reconoce en su edición 30 el informe Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba, presentado a la Asamblea General de Naciones Unidas los días 2 y 3 del mes en curso.

Desde 1992, el contenido de este documento, se mantiene inalterable debido a que tampoco hay cambios positivos en la política exterior de Washington  hacia  La Habana.

Y es que a la altura de 60 años, la guerra económica e ideológica contra la Revolución es un fracaso, pero es imposible negar su impacto. Según el texto aprobado en la ONU este viernes, a precios corrientes, las pérdidas económicas por esta política suman más de 150 mil  millones de dólares. Si se tiene en cuenta la depreciación del oro en el mercado internacional, puede decirse que los daños superan un billón 326 mil 432 millones de dólares.

Lo peor es que los momentos críticos son muy bien aprovechados por la administración norteña de turno para agudizar las dificultades en Cuba.

¿Quién podría olvidar el primer semestre de 2021? Confinamiento, escasez, enfermedad, muerte… y una lucha tenaz por lograr las vacunas que acabaron salvándonos a casi todos. Pues, de enero a julio de ese año, este país pequeño y bloqueado perdió 12 millones de dólares diarios, lo que totaliza perjuicios por un valor de 557,5 millones de dólares.
¿Cuánto hubiera podido lograrse con ese dinero?

¿Cuántas vidas se habrían salvado si el sistema de Salud hubiera contado con más recursos para enfrentar la pandemia? ¿Cuántas cosas podrían mejorar si no existiera el bloqueo?

La libertad de pensamiento es un derecho. Pensar con cabeza propia, valorar y tomar partido por lo que es justo, son de las mayores cualidades que puede tener un ser humano. Para quienes se precian de estas, es la invitación a pensar con honestidad: si un país le impide a otro ganar dinero con exportaciones e inversiones, satisfacer necesidades mediante importaciones, y desarrollar las ciencias, la cultura, el deporte, las relaciones con otros países, ¿los únicos afectados son los gobernantes? ¿Acaso la población puede  mantenerse a salvo del hambre y la escasez en medio de una guerra económica?

El cerco impuesto a Cuba es raíz y tronco del contexto actual: faltan alimentos, medicinas, combustibles, piezas y equipos para modernizar el transporte, otros servicios y las industrias; hay problemas en el abasto de agua y en la generación de energía eléctrica, por solo mencionar algunos. Las ramas de ese árbol y sus frutos amargos son la indolencia, el individualismo, la apatía, el acaparamiento, el oportunismo y el afán de beneficiarse aprovechando las necesidades de los demás para exprimirles el bolsillo con precios exorbitantes.  Y lo peor es que se naturaliza, como ha ido naturalizándose la idea de que el bloqueo no existe… 

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Indira Ferrer Alonso

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