Gaitas de descendientes escoceses suenan en Santiago de Cuba

Categoría: Titulares
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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gaitaEntre asombrados y admirados, los santiagueros que refrescaban la mañana en el céntrico Parque de Céspedes fueron testigos de una actuación inesperada a cargo de músicos de Canadá, descendientes de escoceses.

Quizás haya sido esta la primera vez que artistas del pentagrama con sus raíces en Escocia muestran su arte folclórico en Santiago de Cuba.

El grupo: Banda Los Tambores de Canadá, minutos después de llegar a la plaza situada entre el antiguo Ayuntamiento  y la Iglesia de la Catedral, intercambió con la Banda Provincial de Concierto, dirigida por el maestro Ernesto Burgos. Ambos conjuntos interpretaron temas de sus repertorios.

El interés y la curiosidad populares en el Parque Céspedes aumentaron por minutos, debido a circunstancias muy especiales: lo llamativo, para la mirada de los santiagueros, del impecable atuendo de los músicos extranjeros; el sonido peculiar de las gaitas complementado con la percusión, y la marcialidad al mejor estilo militar, para ejecutar la música: a la primera voz de mando se ponen en atención; a la segunda, se colocan en sus cuerpos los instrumentos, a la tercera, inician la interpretación.  

Hay más sobre la originalidad del conjunto escocés-canadiense, pues antes de iniciar cada concierto, quien dirige el grupo comprueba la afinación de los tres roncones de cada una de las gaitas. Pero como el director también ejecuta una de estas, y por ende tiene las manos y la boca ocupadas en poner las notas musicales e insuflar aire a la bolsa, respectivamente, es con los pies que da las órdenes en el transcurso de las canciones.   

Y ¿cómo llegó “Tambores de Canadá” a Santiago de Cuba? Los músicos norteños arribaron a esta urbe caribeña como clientes de un crucero turístico. 

Previamente, solicitaron actuar en las ciudades de Cuba donde atracara el buque. Y así lo han hecho: primero en La Habana, luego en Cienfuegos, y este sábado en Santiago de Cuba, el mismo día en que por la tarde, la enorme embarcación partiría hacia la Capital cubana y de allí hacia Canadá.

gaita1En el grupo se mezclan mujeres y hombres, jóvenes y personas mucho más adultas; sobresalen por su disciplina; son canadienses descendientes de ingleses e irlandeses con raíces escocesas y provienen de Nueva Escocia, Montreal, Québec... Es lógico entender porqué en la muestra que hicieron de la música tradicional de Escocia predominara la gaita que fascinó a los santiagueros.   

Ocurre que ese es el instrumento nacional del país, y atesora una historia en verdad interesante, pues hay referencia documentada de su origen en Asia Menor unos mil años antes de nuestra era y cómo ya en el siglo I de nuestra era se había extendido a numerosas tierras de varios continentes.

Sin embargo, como señalan los investigadores, en lo que hoy es Escocia se enraizó tanto ese instrumento musical aerófano traído dicen unos por los romanos y otros por los irlandeses, “que los escoceses pueden reivindicar a la gaita (piob-mhor o gran gaita) como propia por haberla mantenido viva como parte de su tradición musical y haberla convertido en uno de los símbolos más destacados de su cultura”.

Ese influjo prevalece, por ejemplo, en las comunidades desde donde llegaron al “Céspedes” este fin de semana los peculiares músicos canadienses, venidos en un barco de turismo.

Tampoco es la gaita algo completamente desconocido para los cubanos. La vemos poco en verdad, mas en la época de la colonia española --que fueron varios siglos--  seguramente debió haber sido habitual en  festejos y celebraciones hispanas. Hasta en una promoción comercial a inicios de la segunda mitad de la centuria pasada, los cubanos la teníamos presente: aparecía un instrumentista, sin duda asturiano, con su gaita y a continuación el slogan: Sidra El Gaitero, que alegra al mundo entero

Lo que no deja de despertar curiosidad es la estructura del instrumento: una bolsa llena de aire, tres conductos: uno más largo que los otros dos, llamados roncones (por ahí se emite el sonido continuo), una boquilla por donde desde la boca también se le introduce aire a la bolsa, y un pequeño mástil con perforaciones que tapan y destapan con los dedos de las dos manos los ejecutantes, para dar nueve notas musicales, y “embellecer el sonido, las notas de continuar y pausa”, dijeron.

No pregunté cómo fueron las acogidas que les dio el público en La Habana y en Cienfuegos; por las de aquí, tampoco indagué. No hizo falta. Después que ejecutaron una marcha por el Parque Céspedes sin dejar de tocar temas del folclor escocés, y escuchar ellos y ellas el aplauso del público y ver a una pequeñita bailar al compás de las gaitas y la percusión de la Banda, sus rostros decían que eran felices y todos se concentraron donde más inclemente era el Sol sobre el “Céspedes”, como para llevarse junto con el del público, el calor del Astro Rey en Santiago de Cuba.

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