Militante de la Patria

Categoría: Titulares
Escrito por Mayte García Tintoré
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carmenrosa1Estas líneas no hablarán de la científica premiada, la reconocida pedagoga o la doctora que desde la distancia salva una y otra vida.  No contará su historia la famosa deportista, la artista laureada ni la directiva que ha sabido superar incontables obstáculos.

Esta vez prefiero presentarles a Carmen Rosa Rodríguez Núñez, y seguramente usted se preguntará, quién es ella, mas le confieso que alejada de la fama, los títulos y homenajes, ella es tan solo una mujer, o mejor dicho, una gran mujer, que ha sabido sortear  la vida y sus retos, quien posee y resguarda una gran fortuna.

Como todas las historias bien contadas, iré a los orígenes; mi entrevistada tiene 81 años cumplidos, porque nació un 17 de junio de 1935, en la barriada conocida como cayo Rey, del municipio de Mella.

Allí conoció de humildad y sacrificios, fue la mayor de siete hermanos y quedó huérfana con solo 13 primaveras; se imaginará usted lo que le tocó vivir. Dejó de ser la mamá de las muñecas para convertirse en la madre de todos. Y recuerda  Carmen Rosa…

“Siendo apenas una adolescente quedé al frente del hogar al morir mamá, la más pequeña de mis hermanos era una bebé de 22 meses de nacida; en mis brazos calmaba su llanto e intenté trasmitirles a todos el amor y los valores con los que fui formada.

... Haré de la disciplina

un excelente amuleto,

donde al amor y al respeto

jamás lo hiera una espina

“Para entonces en la casa había una máquina de coser, me atreví a darle a los pedales y comencé a hacerles algunas ropitas a mis 'hijos adoptivos'; así fueron mis pininos en el mundo de la costura y terminé convertida en bordadora.

“Soy ama de casa, no me avergüenza decirlo, eran los cánones de la época, soñaba con estudiar y tener una profesión, pero mi realidad familiar me impuso un rumbo diferente, no tuve tiempo a elegir. Cuba antes de enero de 1959 era una tierra de pobres y analfabetos y yo estaba entre ellos.

“Junto a mi padre fui el sostén de la familia, tarea que me costó olvidarme de sueños y anhelos, aunque salí reconfortada, uno de mis hermanos siendo machetero llegó a ser Héroe Nacional del Trabajo; los seis se integraron a la sociedad y se hicieron militantes del Partido, yo también lo soy, por convicción, aunque no tenga oficialmente el carné. Soy militante de la Patria”.

... Siento la satisfacción

de fielmente haber cumplido

con Fidel, con el Partido

y con la Revolución

carmenrosaEn verdad todo no fueron sinsabores, un día el amor tocó a la puerta de Carmen Rosa, se nombraba Luis Arca Quiala aquel galán con el que contrajo matrimonio y desde entonces  fue su eterno compañero.

Solo la muerte logró separarlos después de 41 años de casados; con él construyó un hogar y de esa pasión nacieron cinco hijos. Pero otra vez la vida la volvió a retar y puso a prueba su temple, en un accidente perdió a Nivaldo, el segundo de ellos, con solo seis  añitos.

“Aunque la pérdida de un hijo es herida mortal, en los otros cuatro encontré la esencia de mi vida, su crianza era mi nueva meta; Nivia, se formó como psicopedagoga, Noel es ingeniero mecánico y traductor de Alemán, Noaldo, coronel del Minint, y Nuris, licenciada en Comunicación Social y locutora de Cmkc Radio Revolución.  No hay tesoro más grande.

“A ellos siempre les pedí dos cosas: que estudiaran y que nunca me hicieran agachar la cabeza de bochorno, y eso lo logré y los hijos de mis hijos siguen su ejemplo; tengo ocho nietos y tres bisnietos: Kevin, Keili Natacha y Vida, una bendición, verdad.

... Yo te hablaré del decoro

la dignidad y el deber,

procura niño leer

el libro La Edad de Oro

 “Lo que soy se lo debo a la Revolución y a Fidel, y no es una frase hecha, llegué a alfabetizarme después del triunfo, un día sin saberlo mi esposo me matriculó, y me incorporé a la Superación Obrero-Campesina, aunque solo llegué al 7mo. grado.

“Fui fundadora de los Comités de Defensa de la Revolución -para entonces ya vivía en Mangos de Baraguá- allí presidí un CDR durante 11 años y en esas funciones recibí incontables reconocimientos que atesoro entre los recuerdos más queridos. Recortes de periódicos, medallas y distinciones dan fe de mi entrega.

“Fue una etapa preciosa, en los barrios constituimos las Brigadas de Producción y Defensa, llegamos a tener en la cuadra a 12 internacionalistas cumpliendo misión, entre ellos dos de mis hijos, a todos los recibíamos con banderas y fiestas.

…Como excelente soldado

trataré siempre de actuar

Muy en alto levantar

la bandera y el escudo

Será mi mejor saludo

a los hombres de las Far

“Serví a mi Patria mientras pude, ahora lo hago de otras maneras, pues los años no pasan en vano, y aunque el alma se acelera con cada nueva idea, el cuerpo no siempre acompaña.

“Tengo guardado un cuaderno con alrededor de 200 composiciones, era mi pasión escribirle a todo lo que acontecía a mi alrededor, así con el paso del tiempo fui contando en versos la historia de mi vida y de la Revolución.

“A pesar de que mi nivel de escolaridad no me ayuda, empíricamente y desde hace mucho tiempo compongo versos, poemas y décimas  -trato siempre de no cometer errores y he aprendido hasta de gramática-,  para mí escribir ha sido también una manera de aportar, y un refugio para albergar tristezas y preocupaciones, quizás un modo de resignación.

“Amé a Fidel tanto como a mi padre o uno de mis hijos, por eso ante su muerte el pasado 25 de noviembre,  con un nudo en la garganta y un dolor infinito escribí:

… vas a unirte con Martí

con tu Santiago y con Frank

y desde el patio de Birán

se escucha el grito efusivo

 que todavía sigue vivo

el eterno Caguairán  

“Desde el 2011 vine a vivir a Santiago de Cuba en el segundo paso de Versalles, pero mi corazón quedó atrapado en Mangos de Baraguá, que es mi rincón sagrado, a él vuelvo cada vez que puedo, porque añoro su gente, el olor de la tierra, todo; allí no solo dejé parte de mi historia, también grandes amigos, vecinos que llegaron a ser como familia.

“Esa ha sido mi vida, sin títulos ni premios, pero rodeada de infinito amor y sustentada por pilares de honradez y dignidad. Doy gracias a la vida y a la Revolución por haberme dado tanto”.

Pero la historia de Carmen Rosa no termina, su vida ahora al desnudo, compartida entre cientos de lectores,  me ha dejado un sinnúmero de enseñanzas. Sé que como ella, otras tantas mujeres de su generación vieron truncos muchos de sus sueños, aunque nunca perdieron la fe en el futuro y sostuvieron sus hogares a fuerza de valores, esos que hoy precisa la sociedad cubana actual se multipliquen y solidifiquen. 

 Su perseverancia e incondicionalidad al deber, sea cual fuera, es el mejor motivo para reflexionar. Cuántos privilegios tenemos las cubanas de hoy y cuántas desaprovechan las oportunidades.

Para el éxito personal no hay fórmulas, en cualquier época debe hacerse lo correcto, lo justo, el amor a la Patria, a la familia, al trabajo, el respeto mutuo y la entrega, no caducan; guiarse por los mejores ejemplos podría ayudarnos  a encontrar el camino.

Corren tiempos en los que hay que superarse hasta la saciedad, proponerse lo grande; para la mujer ahora no hay imposibles, no es descabellado dirigir y llevar un hogar a la par, siempre que encontremos la persona acertada para compartir el querer y el deber.

Carmen quiere dejarles un mensaje a las adolescentes y jóvenes, a las mujeres de hoy y del mañana:

“La vida es un milagro, nadie sabe bien su valor hasta que se pierde; no dejen que nada marchite su juventud, cada amanecer intenten conquistar el mundo, quizás solo consigan tener de él un rayo de sol, pero no se amilanen, eso es bastante, tal vez la próxima jornada alcancen llegar a la luna”.

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