En Santiago de Cuba, en la Feria del Libro, Katiusca Blanco muestra legado humanista de Fidel Castro Ruz

Categoría: Titulares
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
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katiuska1La periodista y escritora Katiuska Blanco ofreció aquí una conferencia sobre el legado humanista del Comandante en Jefe Fidel Castro.

Blanco es quien con más sistemáticamente ha abordado la vida y obra del Líder de la Revolución Cubana y su intervención era la más esperada en el inicio del programa profesional y literario de la Feria del Libro en esta ciudad, inaugurada anoche.

Expresó al iniciar sus palabras, que había pensado mucho en qué aspectos tratar en su conferencia y se decidió por el legado humanista de Fidel en relación con los niños y con los ancianos.

Recordó, que el Jefe de la Revolución relataba cómo durante su estancia en el Colegio La Salle, en Santiago de Cuba, él preguntaba por qué allí no había niños negros, lo cual ponía al claustro de la escuela en situaciones difíciles.

“Le respondían que era para que no se sintieran mal entre tantos niños blancos, cuando en realidad había una enorme discriminación, incluso doble: por el color de la piel y por la posición social, porque era muy difícil que alguien descendiente de esclavos o de personas con situación económica precaria pudiera ir a estudiar a un colegio privado, religioso en esa época.”

katiuskaExplicó la periodista, que en Santiago de Cuba hay muchas historias poco conocidas. Por ejemplo la maestra de piano, Belén, que arropó a Fidel cuando él llega aquí en medio de una situación difícil lejos de sus padres.

Belén y su esposo, Luis Guibert, Cónsul de Haití, lo bautizaron en 1935 y recordaba que por eso no le llamaban judío (como le decían a todo el que no estaba bautizado).

Dijo, que un rasgo de humanidad en Fidel se muestra en esta ciudad, cuando siendo tan niño y habiendo tenido una relación de cercanía con los haitianitos en Birán --porque en su casa nunca hubo una idea de exclusión hacia los demás--, sufrió mucho al ver en Santiago de Cuba cómo deportaban, por la Ley de Nacionalización del Trabajo, que era una Ley justa del Gobierno de los 100 días para propiciar que los cubanos tuvieran puestos, debido a que la mayor parte de los comercios eran de españoles, ellos empleaban a sus familiares y no tenían que pagar salarios. Entonces, esa Ley que trató de amparar a los trabajadores cubanos, se “vira” y rompe por el eslabón más débil de la cadena y empiezan las expulsiones forzosas y deportaciones de los haitianos. Y él va con el Cónsul a la Alameda, a despedirlos pues se van en un barco. Y eso le duele mucho a Fidel, siendo un niño.

Acuñó Katiuska Blanco: “En Fidel es como un rasgo de su personalidad la sensibilidad por los demás, por el otro; por el que más necesita o por el que más sufre. Es como hablar del horcón que sustenta la estructura raigal, la esencia de Fidel. Porque es ese sentimiento el que mueve todo en Fidel; todas las luchas de Fidel fueron posibles porque él sintió eso dentro de él. Y por ejemplo, antes de venir al asalto al Cuartel Moncada él pasa por Birán como a despedirse”.

Detalla la periodista, que luego de la acción y ya preso en la antigua Isla de Pinos, él recuerda ese pasaje cuando va a Birán. Lo hace en una carta donde aflora ese sentimiento de visitar su escuelita y darse cuenta de que sus antiguos amigos de la infancia no han tenido el destino que tuvo él. Se percata –afirma Blanco--  que los muchachos que estaban allí, muchos de ellos inteligentes, no han tenido un cauce que les permita una vida mejor; que se han perdido como una barca en las turbulentas aguas del estatu quo de lo establecido. Y en esa carta está el sentido de la vida y de la lucha de Fidel, porque él termina proponiéndose que hay que cambiar de uno a otro extremo del archipiélago lo que estaba establecido.

“Luego dice: ‘Desde que nació la República nada ha cambiado: mi escuelita un poco más vieja; mis pasos, un poco más pesados. Y nada más’. Entonces eso está dicho con un sentimiento tan suyo… porque Fidel era un hombre de la realidad… Él dice en esa propia carta: ‘más que muchos libros y cualquier teoría, lo que más me ha enseñado es la palpitante realidad vivida’. Y contaba eso porque es uno de los rasgos de él para con los niños.”

katiuska2Blanco argumentó: “Reflexionaba yo sobre un proverbio indio que dice: todo hombre tiene dos días: su día y el de sus hijos. También si Ud. no consigue desde el punto de vista patriótico, humano, intelectual, revolucionario… si Ud. hace mucho pero no consigue que sus hijos sigan, y de acuerdo con su tiempo y sus condiciones hagan o sigan esta tarea inmensa de la historia, entonces Ud. no logró nada. Por eso pensé que era una buena anécdota para ilustrar el tema del humanismo en Fidel.”

Katiuska Blanco luego abordó otra anécdota de la que aseguró que nunca ha hablado: haber conocido a Pastorita Núñez, quien en los últimos años de su vida decidió irse a vivir al Convento de Santovenia, y allí tenía una casita. Y cuando ella cumplió los 80 años, Fidel fue a visitarla, recorrió todo el Convento; le dijo a las monjitas que él quisiera tener muchos ministros que fueran tan eficientes como ellas. Y hablando del humanismo de Fidel, él admiraba, respetaba, pudiéramos decir que él adoraba a las monjas. Porque sin gota de prejuicio de ningún tipo, reconoció siempre el amor y la dedicación y el espíritu de sacrificio de las monjas. Y fíjese que cuando el Papa viene a Cuba, las monjas le besan las manos a Fidel en la Plaza de la Revolución. Y esto se lo digo con todo el cuerpo erizado.

“Fidel fue un hombre fuera de todas las preconcepciones, y de juzgar las cosas de manera esquemática, y en el caso de las monjitas él las visitó, recorrió el lugar… y pasaron los años y por un error alguien le hace llegar a Fidel la noticia de que Pastorita no necesitaba que él le enviara flores porque había fallecido. Él se estremeció: ‘¡Pero cómo es posible que una persona deje de existir, una persona como Pastorita, y yo no lo sepa; cómo es posible que yo no me haya enterado!’ Era un error grave. Fidel se sintió muy triste. El caso es que Pastorita estaba viva y un compañero, el más viejo en la escolta del Comandante, cuenta después, que cuando supieron que Pastorita estaba viva él fue enseguida a contárselo a Fidel, y que estaba tan contento, tan alegre, que ni preguntó quién se había equivocado.

“Cuando ella cumplió 85 años él volvió a visitarla, siempre con la gestión de ese hombre a quien yo reverencio; inagotable para la historia de Cuba: el maestro, el historiador Eusebio Leal, quien era muy cercano a Pastorita.

“Fidel llevó a Pastorita al Colegio de arquitectos. Ella no tenía formación para todo lo que se proponía Fidel que ella hiciera: que dirigiera el Instituto de Ahorro y Vivienda. Y cuando fue a presentarla ante los arquitectos, explicó: ‘Yo le dije a Pastorita que tenía que respetar los detalles técnicos de manera extrema. Pero ¿Uds. saben porqué yo nombro a Pastorita? Porque es una mujer íntegra; ella recogió los dineros de la Revolución y llegó a la Sierra sin que se perdiera un centavo’.

“En estos tiempos agrestes también, en que tenemos que batallar tanto, es importante reivindicar la figura de una persona como Pastorita, y las atenciones que con una humanidad extraordinaria, un hombre que había vivido los grandes sucesos de la historia, que ya era reconocido universalmente, no se olvidó de aquella servidora humilde de la Revolución, de la que él dijo ‘Va a ser la inversionista de la Revolución’ en el tema de la vivienda. Y cuando fue al Convento le dijo a Pastorita: tú vas ahora a ser la inversionista de la Revolución aquí’. Fidel siempre admiró extraordinariamente a esta persona y en esa hora de su vida estaba preocupado por todos los asilos en Cuba. Estaba implementando un proyecto que podía ponerse primero en práctica en el Convento para después extenderlo a todo el país. Yo escuché a Fidel preocupado por introducir en la producción de yogur de soya una línea con poca azúcar para que las personas mayores diabéticas pudieran consumir ese yogur; estaba pensando en hacerle una especie de batería de examen para prever aquellas enfermedades crónicas que podían padecer, para adelantarse en el tiempo al deterioro de la salud de esas personas y que a esa edad ellas pudieran tener una vida mejor, alegre, más plena; que pudieran caminar; que pudieran ir al teatro; que pudieran ser felices; fue la etapa en que Fidel creó la Cátedra del Adulto Mayor… ¡qué clase de sentido de humanidad el de un hombre que siendo un ser extraordinario de la historia, que tiene ya todos los méritos; que tiene todos los reconocimientos a nivel global, está preocupado por la vida cotidiana de las personas que han llegado a una determinada edad!

“Son aspectos que creo que son poco conocidos de su trabajo, de su preocupación por el hombre, por los seres humanos, que se habla poco de ellos; cómo no pensar ahora del Fidel pendiente de la epidemia del ébola, que propició que los médicos se sintieran con fuerza para ir a una misión tan dura, tan difícil y que lo hicieran con tanta entrega, con tanto amor. Es que siguiendo la huella de un hombre como Fidel nosotros tenemos médicos de ese calibre. Un hombre preocupado porque la letra de los libros tuvieran un tamaño que les permitiera a las personas leer con facilidad; esas preocupaciones que llegan hasta el detalle eran cotidianas en Fidel;  creo que son ejemplos que nos dicen qué tipo de ser humano era él capaz de dar toda la vida para los demás.”

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