¿Dónde quedamos los hijos?

Categoría: Titulares
Escrito por Roque Vila
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bomba madre

Estos días ver las noticias me desconcierta, he optado por aislarme un poco del acontecer informativo mundial que me trae una y otra vez referencias a una “familia” que se ha convertido para tristeza de muchos en la más popular del mundo.


Estados Unidos nos presentó a una señora muy seria con velo negro y un halo de tristeza que la acompaña por donde pasa. Sus maneras quedaron demostradas cuando se realizaron las presentaciones pertinentes y conocimos a GBU-43/B, nombre solo conocido por sus íntimos pero que pasa de boca en boca como "la madre de todas las bombas”, de 10 toneladas de peso y la mayor no nuclear del arsenal estadounidense, lanzada sobre el este de Afganistán, contra túneles del autodenominado Estado Islámico.
Pero me preocupo aún más al conocer a otro miembro de este núcleo familiar, al saber de buena tinta por noticias de varios medios rusos, que Moscú guarda en sus arsenales al "padre de las bombas", un proyectil cuatro veces más potente que su versión femenina, desarrollado a principios de los años 2000 y probado con éxito en 2007, con un carácter nada paternal equivalente a 44 toneladas de TNT. Pero eso no es todo, lo peor es que esta disfuncional familia puede contar con más de una madre o un padre.
Entonces me pregunto, con tantos progenitores tan volátiles, ¿dónde quedamos los hijos?, que se hará la humanidad si por estos días les da por aparecer algún abuelo de las bombas o hermano y vaya usted a saber si algo más, porque como dicen por ahí a cualquiera se le muere un tío y si es de las bombas más rápido.
Más triste se convierte este retrato familiar si calculamos que con una ínfima parte de los gastos de producción de este armamento destinado a borrarnos de la faz de la tierra, víctimas de nuestro ego desmedido y prepotente, podríamos resolver cuantiosos problemas en un plantea que demuestra su cansancio cada día más.

Con una familia así, es normal ver a niños que tengan en sus manos primero un AK-47 con más facilidad que un balón de futbol, y mueran sin conocer cómo se escribe su nombre, prefiero ser huérfano antes de pertenecer a un linaje de apellido “Muerte”, que solo trae desconcierto y soledad.

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