El camino se antoja largo y difícil, las constantes lluvias de estos días hacen la travesía más compleja por esta zona rural y eminentemente cafetalera del municipio San Luis, tierra mojada y verde constante me acompañan mientras voy dejando atrás los poblados de Chile, Aldriche, Almeida y Magueyal, mientras pienso en cuantas historias podría escribir de cada uno, hasta que diviso las primeras construcciones del barrio de Pedernal en el poblado de Chamarreta, el destino final de mi viaje.
No paso mucho trabajo para encontrar el lugar, cualquier poblador me puede decir donde está la casa del Capitán San Luis, donde todavía viven algunos de sus familiares, en la misma tierra que lo viera nacer un 27 de Abril y donde se siente su presencia por doquier, como si nunca se hubiera marchado de allí.
La casa es de madera y techo de zinc y en el patio tiene un busto y un asta donde ondea una bandera en un silencioso combate contra la llovizna constante de esto días, el lugar es conocido como La Caridad de Pedernal y allí mismo se encuentra el Museo, donde la memoria y el ejemplo de Eliseo Reyes Rodríguez no morirán nunca.
Su hermano Wilo Reyes me espera, y sin detenernos en formalidades comienza a rememorar al sexto de los 11 hijos del matrimonio formado por los humildes campesinos Marcelino Reyes y Ana Francisca Rodríguez, de San Luis en Santiago de Cuba.
¨Mi padre trabajaba en el central Santa Ana que después se llamó Chile y a veces alguno de nosotros tenía que ir a buscar a caballo una serie de productos que le daban a forma de pago, esa vez le toco ir a Eliseo, pero nunca regresó, dejó la bestia y las alforjas con unos familiares de papá en Santa Isabel y siguió directo para la Sierra Maestra, donde comenzó con 17 años a hacer su verdadera historia”.
Su deseo siempre fue incorporarse a la lucha rebelde, comenzada por Fidel Castro desde diciembre de 1956 y aunque nunca lo abandonó aquella apariencia de adolescente con mirada de niño, llegó a tener una historia más grande que los casi 27 años que tenía antes morir en la selva Boliviana el 25 de Abril de 1967.
Eliseo destacó por sus cualidades de soldado forjadas en la lucha revolucionaria siempre bajo las órdenes de Ernesto Guevara, al que conoció en el campamento El Hombrito y quien desde el primer momento descubrió que pese a estar frente a un niño, podía aprovechar la inteligencia y dinamismo que resaltaban en su carácter.
Sobre estas características, una de sus numerosas primas Fredesvinda Rodríguez, refirió a Sierra Maestra: “Eliseo era muy especial, no diferente a los demás niños de su edad, pero tenía un algo particular que le hacía sobresalir; pensaba mucho antes de hacer las cosas y era muy reservado, creo que por eso el Ché confiaba tanto en él.”
En la Sierra enseguida empezaron a llamarlo San Luis y por sus cualidades fue incorporado como miembro de la Columna Invasora Ciro Redondo que se dirigía al centro del país, donde mantuvo un comportamiento a la altura de las expectativas que empezó a despertar desde el comienzo: valiente y osado, pero a la vez cauteloso y estratégico, llegó a La Habana, con la revolución triunfante, con los grados de capitán.
A partir de entonces el Capitán San Luis, recibió nuevas misiones: jefe de la Policía Militar en La Cabaña, responsable del G-2 de la Policía Nacional y, en 1962, delegado del Ministerio del Interior en la misma provincia donde recibió el entrenamiento como guerrillero internacionalista desde el 11 de agosto de 1966. Dos meses después partió hacia Europa para desde allí emprender viaje a tierra americana.
Su madre Ana Francisca, años después relató a la escritora Elsa Blaquier, para el libro “Seguidores de un sueño”, lo siguiente: “Antes de partir de Cuba no dijo nada, solo reunió a toda la familia y nos tomamos unas fotos, pensaba volver pronto, pero a mí todo ese viaje me olía a monte…”
El 25 de abril de 1967, cuando le faltaban solo dos días para cumplir 27 años, en una emboscada cae herido de muerte, en la finca El Mesón, situada entre Ticucha y el río Iquira, en plena selva boliviana, combatiendo por los ideales que siempre marcaron su camino.
La muerte de Eliseo afectó mucho al Ché, quien escribió en su diario de campaña: “…de su muerte oscura sólo cabe decir, para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: ‘Tú cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma”...
Después de muchos años, sus restos recibieron honorable sepultura en la Patria, en el Mausoleo de Santa Clara, un monumento donde la guerrilla del Ché descansa bajo el umbral de la historia, guiando con su ejemplo a nuevas batallas que quedan por librar.
Pero por más que se piense y se sienta su ejemplo, nada es comparable con la sensación del espacio susurrante de su casa, la cual diviso aun cuando se pierde a la vista en el camino de regreso; llueve en este abril, como si el cielo se sumara al silencioso llanto de los campos que forjaron la leyenda del pequeño y a la vez inmenso capitán.
Eliseo Reyes Rodríguez, se extienden, como dijera el Che, por los enormes espacios de la eternidad, habita en cada rincón de un pueblo que nunca lo dejará morir y en la naturaleza del lugar que lo enseñó a soñar y que en este abril diferente, lo recuerda con lágrimas del cielo.