Niños autistas, niños extraordinarios

Categoría: Titulares
Escrito por Odette Elena Ramos Colás
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Niurka

El principal objetivo de la Escuela Especial “William Soler” de Santiago de Cuba, es lograr la inclusión de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), su reinserción en la comunidad. Es un trabajo difícil, pero sin dudas, hermoso pues requiere de mucho amor, comprensión, atención y sobre todo dedicación.


“Uno tiene que llegar a conocerlos como a un hijo propio, conocerles sus tiempos, sus características, sus particularidades, y tenemos que estar preparados para todo. Por ejemplo, en su mayoría no aceptan los besos y los abrazos; otros, aunque no tengan ninguna dificultad física para poderse comunicar, no hablan; algunos lo que hacen es imitar, repetir lo que escuchan, a eso se le llama ecolalia.
“Lo fundamental es entender que ninguno se parece a otro. Respecto al comportamiento tienden a hacer perretas, caprichos alimenticios. Miran con el rabillo del ojo, y eso científicamente se llama mirada periférica; hacen apego a diferentes personas, juguetes u objetos; tienen estereotipias, balanceo; y cualquier cosita los puede alterar.
“Son hipersensibles a los sonidos, tienen ideas fijas, se concentran en una sola cosa. Lo otro es que no se les puede hablar mucho porque las palabras los ensordecen, los atormentan, hay que ir a lo directo: nada de diminutivos ni de rodeos. Mencionar sus nombres tal y como son para que los reconozcan.
“Aquí los tratamientos son individuales y no duran más de 15 minutos, por ende el plan de clases de cada maestro debe tener particularizadas las actividades y dirigirlas a las diferentes afectaciones.
“El autismo no tiene cura, pero ellos se compensan y logran insertarse en la sociedad, siempre bajo vigilancia porque nunca los acabamos de conocer, en un momento están tranquilos y de pronto pueden desbaratarlo todo. Eso sí, lo que saben hacer, lo hacen muy bien”, argumentó la M.Sc. Niurka Beltrán Duany, maestra terapeuta que se desempeña como jefa de ciclo del centro.
“Uno no puede traer los problemas del hogar a la escuela, porque ellos son una esponja, y una mala mirada, un mal gesto, puede desatar una agresión. Incluso si estamos acostumbradas a tener un determinado peinado, y un día nos lo cambiamos o incluimos un accesorio como un collar, por ejemplo, tienden a querer arrancarlo, y cosas así.
“El mayor reto para nosotros es insertarlos a la sociedad, que al menos tengan desarrollado el autovalidismo: que sepan cepillarse, comer solos, bañarse, coger un vaso de agua, comportarse en lugares púbicos...”, añadió Miriam Basulto, profesora de Computación de la institución.

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