“Cualquiera” no es papá

Categoría: Titulares
Escrito por Yamilé C. Mateo Arañó
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dia padres foto kaloian 02A los padres, víctimas de estereotipos, casi siempre los enmarcan nada más en obligaciones, sustento económico o en olvidos de todo tipo (incluso hasta de la propia condición de padres) y se minimiza ese lugar tan importante que ocupan en la vida de sus hijos.

Muchas son las familias cubanas que prescinden de esa figura masculina y las madres se convierten en el horcón económico y sentimental del hogar.

Y a pesar de que esta situación se vuelve cada vez más frecuente no creo que “cualquiera es papá”. Ni que ellos solo quieren a los hijos mientras estén con la madre, como afirman algunos.

Sé de muchos que tienen esa tibieza única en los brazos para espantar los miedos o para evitar la caída. O de los que su apretón de manos alivia el dolor del pinchazo de la inyección, o de los que en sus hombros se ve el mundo mejor durante el camino a la escuela.

Sé de los que también han preparado un puré, cambiado pañales o viajan kilómetros en terrenos montañosos para ver a su hijo en la escuela al campo o en el servicio militar. Y los he visto llorar en la graduación universitaria de su prole, satisfecho de todo el empeño por hacerlos hombres y mujeres que se solventen por sí solos.

Sé de los que se pasan años ahorrando para ofrecer el mayor sueño de las adolescentes: su fiesta de quince, o se sobreponen a sus recelos y temores para recibir con agrado al primer novio.

De los que cambian, -por amor a sus hijos-, el juego de fútbol o béisbol, por una serie coreana o de los que se reinventan cuentos infantiles ante de acostar a sus pequeños.

Sé de los que se vuelven gigantes, superhéroes, inventores, el mejor de todos…ante los ojos de sus niños; otros que al paso del tiempo y mirada perdida, como un destello de amor, recuerdan únicamente a sus hijos y los nombran en la desmemoria de la vejez.

No puede ser cualquiera entonces quien en cada gesto brinda un poco de sí, más allá del lugar secundario que pretenden otorgarle, de quien aprende a amar, mientras resguarda la manito de su pequeño entre las suyas y lo ayuda a crecer.

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