Periódico Sierra Maestra

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MISAEL: Del verso a la cubanía

misaelHoy quiero presentarles a un hombre de pueblo. Solo le conocía por cartas y llamadas, pues con frecuencia enviaba chistes, poemas y décimas a nuestra Redacción; mas luego se fue convirtiendo en alguien familiar, interesado siempre por la salud del colectivo, por cómo ayudar a que las secciones mantengan variedad, por trasmitirnos la felicitación y el abrazo en fechas conmemorativas.

Un día llegó a nuestra casa grande del periódico Sierra Maestra y desde entonces los lazos de afecto se afianzaron; este contramaestrense de pura cepa es sin duda uno de nuestros más fieles colaboradores, y un incansable lector del Semanario y del mensuario Turquino.

Por eso en esta última edición del año, cuando cerramos 12 meses de intenso trabajo, en los que hemos reflejado el sentir y el quehacer de incontables santiagueros y santiagueras de diversos sectores, hacemos un alto en el camino para también de esta manera reconocer la permanencia y el aporte a nuestra cotidianidad de este sencillo hombre de campo, que nos honra con su amistad y con su fidelidad como lector.

Nació el 6 de febrero de 1953 en la zona de Pasos de Laja, Guayacanes, Laguna Blanca, en Contramaestre, y con una mezcla de tristeza y añoranza nos cuenta que era el menor de cuatro hermanos, y sabe en carne propia de los trabajos en el campo  y de la dura vida antes de enero de 1959.

“Mi padre solía levantarme en la madrugada y a caballo recorríamos kilómetros y kilómetros hasta llegar a un arrozal, recuerdo con escalofrío cómo él picaba y yo llenaba los sacos y los amarraba; todo el día en esa faena, para luego recorrer el largo camino a la inversa; en ocasiones llegábamos a casa de noche y al siguiente día volvíamos a repetir la historia.

“No era una vida para niños buscar en bueyes agua del río, atravesar el surco en plena madrugada, realizar trabajos de hombre, pero fue esa la realidad que me tocó vivir y que por suerte no vivieron mis pequeñas, pues la Revolución triunfante cambió la historia de los niños campesinos. 

“Hacia 1970 integré la columna juvenil del centenario y fui sargento; años más tarde tras el llamado que hiciera Fidel, partí hacia La Habana a estudiar; lo cierto es que solo tenía sexto grado pero en la capital me convertí en monitor de matemática, español e historia; parece que a pesar de mi analfabetismo era inteligente, o al menos con un poco de chispa; esa experiencia duró hasta el 76.

Regresé y me incorporé a trabajar en sanidad vegetal  en la empresa de Laguna Blanca; recuerdo con amor los años en los que subido a una avioneta fumigaba los cultivos, era emocionante ver los campos de mi terruño, entre llanos y montañas nacía el verde de esta tierra que amo y a la que le dedico mis décimas y poemas, esos que envío a la Redacción, aunque sé que no siempre pueden publicarse.

“Después laboré en la Estación Experimental de Café y en Cítricos,  como Técnico A, en esta última me jubilé, pero no me he retirado del todo, pues con mis compañeros de la 'vieja guardia' mantengo excelentes relaciones, con frecuencia les visito y los llevo siempre en mi corazón.  

“Tengo  grandes tesoros, mis tres hijas es uno de ellos; la mayor se  nombra Yusleidis y se ha desempeñado siempre en el mundo de la gastronomía; la segunda desde pequeñita decía que iba a ser doctora y sus sueños se hicieron realidad, ahora desde el policlínico López Peña de Santiago de Cuba, mi hija Lisbeth, me enorgullece pues ama la M edicina y hace de ella su razón de vivir.           

“La menor de mis princesas es Saily, estudia enfermería en tercer año y es fruto de mi amor por Ana Luisa Astorga Garcés, con quien contraje matrimonio desde 1996 y quien ha sido mi compañera inseparable en buenas y malas. Mi pequeña y mi esposa son también grandes tesoros.

“Mis versos, rimas, décimas, creaciones populares constituyen esa otra riqueza que poseo, me gusta escribirle al amor, a la vida, a la naturaleza, a mi tierra amada, no sé si es un don pero sí una fortuna.

“Contramaestre y Cuba completan mi caudal, desde la religión que profeso, pido para mi nación y para el pueblo cubano en este 2018 salud, paz y prosperidad;  para que ni temblores ni fenómenos naturales ni gobiernos estadounidenses de turno, puedan empañar la sonrisa de los niños, la alegría de los jóvenes, la tranquilidad de los ancianos, la felicidad de hombres como yo.

Misael Ríos Verdecia se nombra nuestro fiel lector de cada sábado,  a él quisimos regalarle estas líneas que resumen su vida a cambio de los muchos poemas enviados.

Esta vez al poeta le llegará una décima nacida de la inspiración de otra fiel amiga y seguidora María Magdalena Cabrera Zamora, para así cumplir la sentencia martiana de que Amor con amor se paga; en ella va implícito el respeto y cariño que nuestro colectivo le profesa a sus lectores.

PURA CUBANÌA

De Contramaestre, esplendor

nos regala Misael

del Río, toda su miel

dona el colaborador.

El chiste como una flor,

su atractiva poesía;

hoy, agradece María

y el colectivo del Sierra

al santiaguero que encierra

tanto amor y cubanía.

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