Norma Arelis Bandera Fisher, una doctora cubana que labora actualmente en Guinea Bissau, a menudo tiene que lidiar con situaciones difíciles que ponen a prueba su pericia, pues implican un alto riesgo para las pacientes y sus bebés. Recientemente, la ginecobstetra mostró en su cuenta personal de Facebook las fotos de una cirugía que impidió el fallecimiento de una joven madre en el Hospital Regional de Gabu; el álbum se titulaba “Otra vida salvada por la medicina cubana”, y su publicación provocó un aluvión de agradecimientos por el trabajo de los profesionales de la Salud que Cuba envía a otras latitudes.
Norma Arelis accedió a comentar esta experiencia a los lectores de Sierra Maestra, pues los logros del equipo médico cubano que labora en la región de Gabu van más allá de la hazaña médica que muestran las instantáneas.
“Era una paciente de 36 años, madre de tres hijos, y con un embarazo a término. El miércoles pasado, sufrió una complicación muy grave. Llegó al Hospital Regional de Gabu con un dolor bajo vientre intenso y sangramiento.
“Por ecografía se le diagnosticó rotura uterina y óbito (muerte) fetal. Tenía una hemorragia importante, con la mayor cantidad de sangre acumulada en la cavidad peritoneal. Esto pudo haberle provocado la muerte por shock hipovolémico -un síndrome muy complejo que se produce cuando el volumen sanguíneo circulante disminuye tanto que el corazón deja de bombear suficiente sangre al cuerpo, y varios órganos dejan de funcionar-”, explica.
“Indudablemente se trataba de una emergencia -dijo-, si no actuábamos adecuada y oportunamente esta joven moriría. Así que procedimos a intervenir quirúrgicamente y hacer una laparotomía. El equipo médico logró reparar el útero con hemostasia cuidadosa en una operación muy laboriosa y difícil por las múltiples adherencias que tenía la paciente, al ser cesareada anterior.
“Practicamos la histerorrafia, o sea la reparación del útero; pero por lo general cuando no se logra, hay que realizar histerectomía y mutilar a la mujer, dejándola estéril. Afortunadamente, ella se recupera y conservará el órgano”, comentó la doctora santiaguera.
Las vivencias de un médico podrían convertirse en novela; casi nadie imagina cuántas vidas se salvan a diario en un quirófano ni las esperanzas que pone cada familia en las manos de esa gente de alma poderosa que un día decidió estudiar la profesión más importante del mundo. La pericia de Norma Arelis ha estado a prueba en situaciones igual de complejas.
“En mis años de experiencia profesional he tenido que enfrentar casos difíciles. Allá en Santiago de Cuba tuve una paciente con embolismo de líquido amniótico. Ese es un evento letal, pero al sospecharlo precozmente el equipo médico actuó oportunamente y la señora sobrevivió.
“Y aquí en Guinea me tocó formar parte del equipo que atendió a una puérpera de dos días de evolución, que parió en casa y llegó al hospital con un cuadro de eclampsia, y luego coma con paludismo grave. Logramos su estabilidad hemodinámica y la trajimos de vuelta a este mundo”, relató.
Para la doctora, cada éxito profesional es también una victoria personal.
“No logro desligar mis emociones de la labor que realizo. Cada paciente es especial y merece que le atendamos lo mejor posible, con respeto, con calidad; incluso si eso demanda de nosotros, los profesionales de la Salud, un esfuerzo extra. Para mí no hay palabras que expresen la inmensa alegría que siento al escuchar el llanto de un niño que nace deprimido y que logramos reanimar, o ver la sonrisa de una paciente que agradece haberle salvado la vida.”
Esta ginecobstetra, trabaja actualmente en un programa dirigido a la reducción de la mortalidad materna e infantil, que por primera vez llega a la región de Gabu. Este proyecto, que incluye a otros especialistas cubanos, ya comienza a mostrar resultados satisfactorios.
“En solo tres meses se logró la reducción de la mortalidad materna. El objetivo del Proyecto es la formación del personal técnico y la entrega de medicamentos gratis. Hemos presentado esta experiencia en encuentros científicos y el trabajo ha recibido varios reconocimientos”, concluyó.
Hace unos años esta reportera tuvo la oportunidad de trabajar con la doctora Norma Arelis, una mujer perfeccionista y rigurosa cuando de la profesión se trata. No solo impactan sus conocimientos y la locuacidad con que los exterioriza, sino la calidez con que suele tratar a los demás.
La doctora Bandera, como la llaman sus colegas, es de esas mujeres que encarna el espíritu y la idiosincrasia de los que vivimos en este lado de la Isla. Es una típica santiaguera: presumida, tenaz y competente en el trabajo, alegre, solidaria… Siempre sonríe. Lo admirable de Norma es que todos los días intenta superarse y, a pesar de los sacrificios, disfruta afrontar nuevos retos.