Médico regresado de Brasil: “Enseguida fui a llevarle flores a Fidel”

Categoría: Titulares
Escrito por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón / Fotos: Del autor y archivo
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Dr. Roberto Gaínza SantosLos mismos paisajes, ríos, y cuevas que impresionaron al televidente cubano en la novela brasileña Imperio, filmados en parte en el norteño Estado de Roraima, también enternecieron al médico cubano Roberto Gaínza Santos cuando los vio. “Es fabulosa la visión que uno percibe de esos lugares”, dijo.


El santiaguero Gaínza Santos es uno de los héroes de bata blanca cubanos que acaban de retornar del gigante sudamericano. Allá llegó el 3 de junio de 2017 y luego de un extenso viaje: Brasilia-Sao Paulo-Manaos, y de 12 horas por carretera hasta Boa Vista, capital precisamente de Roraima, llegó al municipio Bonfin, y venció los últimos 280 kilómetros hasta la comunidad intrincada de Vila Vilehna.
Así se convirtió Roberto en el segundo médico en pisar ese paraje del norte brasileño; el primero, también cubano, había sido el Dr. pinareño Yoset, ambos del programa Mais Médicos, promovido por la presidenta Dilma.
“De Bonfim hasta Vilehna no hay carretera, es terraplén, tierra roja. Allá hay electricidad y agua por turbina. Cuando se va la electricidad tampoco hay agua; un sitio bien intrincado sin Internet donde trabajaba ni donde vivía.”
Luego de su labor asistencial en La Pimienta, en varios hospitales y policlínicos de Santiago de Cuba, y de sus misiones en Venezuela, en Ecuador y ahora en el gigante sudamericano, Roberto, especialista de I Grado en Medicina General Integral (MGI), con diplomado en Imagenología y vasta experiencia en el trabajo ginecobstétrico, es un colaborador de larga experiencia.
“En Vila Vilehna no había otro médico ni cubano ni brasileño ni nada. Allí cubano era yo solo. Había un equipo brasileño de la unidad básica de salud: el jefe de enfermería que a su vez era el jefe del Puesto, una enfermera vacunadora, dos microcopistas, tres agentes comunitarios de salud, que vienen siendo los brigadistas sanitarios de aquí; dos auxiliares generales, dos vigilantes de la unidad, y un motorista, conductor del vehículo del Puesto para las remisiones a los hospitales, emergencias...”
Gaínza Santos encontró a unos 610 pobladores pero luego de la dispensarización que hizo aumentó a 1 500 habitantes “porque había personas que no estaban inscriptas en el registro oficial del lugar que es una comunidad del Mato que quiere decir ‘matas del interior’, con zonas vírgenes, ríos, cuevas.
“Me encontré con lugares donde yo no podía ir... Bueno, no solo yo. Ni los propios brasileños lo podían hacer si no eran de la etnia. Uno que hablaba portugués le traducía al macuchi, ellos salían, yo los consultaba y de ahí volvían a entrar a su monte.”
Pero tal y como sale en “Imperio”, la zona es rica en minerales: oro, diamante, cuarzo. Y muy vigilada. Traspasar un lindero de esos hasta por equivocación pude significar la muerte.
El médico cubano atendió a la población formada por brasileños, guyaneses y venezolanos; los primeros estaban divididos en caboclos, que se organizaban; indígenas, que se mueven de un lugar a otro; los colombos, que son los afrodescendientes, y los riveriños, que viven en las márgenes de los ríos y que al igual que los indígenas se trasladan hacia los sitios donde para ellos están mejor.
Monte Roraima que domina tres paises Brasil Guyana y VenezuelaDispersos en las zonas más intrincadas del municipio Bonfin estaban tres médicos cubanos: la doctora Yusmary Rodríguez Causse, de Palma Soriano, que estaba en San Francisco; el Dr. Adonis Mesa, de La Habana, en Vila Nueva Esperanza, y Gaínza Santos, el más alejado de la civilización.
Ellos solo se encontraban en la ciudad, donde cursaban la especialización “porque obligatoriamente teníamos que cursar la especialización; era una condición indispensable hacerla en Medicina Comunitaria en Brasil, para poder continuar dentro del programa Mais Médicos”.
Lo más significativo que encontró el Dr. Roberto fueron las condiciones higiénico-epidemiológicas muy precarias. Por ejemplo, había agua potable pero llegaba contaminada por los desechos y a veces tenía exceso de cloro.
“Yo insistía mucho en que hirvieran el agua; existía el fecalismo al aire libre; los desechos los recoge un carro dos veces a la semana pero el resto del tiempo mucha gente lanza los desperdicios a la calle.
“Allí no se conoce la planificación familiar ni el uso de ningún anticonceptivo; los dispositivos intrauterinos son totalmente desconocidos. Aunque en ese sentido yo nunca pude hacer ninguna acción de salud dirigida a mujer o a hombre porque era casi imposible hacerlo. Eso es muy respetado allí, entonces había que remitir al ginecólogo.
“Mi acción la realizaba cuando ya era imposible otra cosa, por ejemplo un parto. Allí no se podía tocar a nadie... usted sabe. Y si era imprescindible se hacía en presencia de una enfermera o un enfermero. Ya la palpación de abdomen, auscultación respiratoria cardiovascular, examen de garganta o de piel era diferente. Pero otras acciones... eso es vedado allá.
“Hubo una que cuando yo la examino veo que el niño no va a poder salir porque el volumen fetal era mayor que la pelvis materna y la remito de urgencia para una cesárea. Entonces en agradecimiento le pusieron mi nombre al niño, porque decían que yo fui el único que les dijo que así no iba a nacer o que iba a nacer muerto. Las parteras ya la habían manipulado.
“Lo más reiterado era hipertensión arterial, diabetes mellitus sin tratamiento, los niños con infestación por parasitismo intestinal; las pulgas en el humano muy frecuente en ese lugar, la zoonosis también es frecuente, y las enfermedades respiratorias agudas, la entidad que predominó el 100% del tiempo que estuve allí.
“Para esas personas tomar cha, que es como un té, es suficiente. Pero cuando se iban agravando –a veces morían— buscaban al médico entonces yo tenía que asumir una conducta más agresiva desde el punto de vista medicamentoso y de rehabilitación respiratoria. No era igual cuando se podían tratar oportunamente. Al menos en eso sí ganamos terreno.”
Al margen del recibimiento en La Habana y en Santiago de Cuba por autoridades del Partido, el Gobierno y Salud Pública, y del abrazo familiar que no lo iguala ningún otro, cuando el doctor Roberto llegó a su hogar en el santiaguero reparto Vista Hermosa, volvió a emocionarse ante las muestras de afecto casi incontrolables de Duke, Toqui, Bella, Alma y Pepa... sus perros que nunca lo olvidaron.
En Vila Vilehna no fue así con las personas. Y le preguntamos: ¿Qué te expresaron cuando les dijiste que te ibas?
“Yo no les dije que me iba. Ellos lo inferían después de escuchar las intervenciones del nuevo gobierno sobre nuestra presencia en Brasil. Lo que más me motivó fue que después de tanto tiempo allí y haber tratado a tantos pacientes, algunas personas comenzaron a dudar de si yo realmente era médico, evidentemente influenciadas por las cosas que decían en los medios, por eso cuando recibimos la orientación de que no íbamos a continuar en el programa Mais Médicos, yo preferí irme sin despedirme de nadie ni del que sí me quería y me lo había demostrado siempre ni del que no le importa mi presencia aunque lo había atendido alguna vez.
“No tuve despedida porque la idiosincrasia de ellos no le permitía entender si yo era médico o no. Además, se decían muchas cosas: que éramos terroristas del Estado Islámico, que estábamos haciendo campaña publicitaria, que éramos espías...”
¿Decían eso?
“Sí, como no. Hasta el propio presidente electo. Yo tengo grabado todo eso ahí. Decían que Cuba se retiraba del programa y que eso confirmaba que nosotros no éramos médicos. La ignorancia mata a los pueblos. Allí se dijo que los brasileños iban a votar por el nuevo presidente, con la boleta de eleitor en la mano y el libro de burro, de analfabeto en el bolsillo. Eso lo dijo Bolsonaro y muchos brasileños ni podían interpretar lo que le estaban diciendo.
“En esa comunidad el único que no votó por Bolsonaro fui yo porque no tenía que votar por nadie. Después comenzaron a arrepentirse y yo los escuchaba pero no daba ninguna opinión política. Yo trabajaba con quien saliera. Si él salía y no se metía con Cuba yo continuaba trabajando. Él pensó que hablar de nosotros era como hacía de los brasileños, que los tildaba de burros.
“Con nosotros se equivocó Bolsonaro y lo sentimos mucho por esa gente pobre casi desvalida pero a Cuba hay que respetarla porque nos hemos ganado ese respeto no solo en Brasil sino en decenas de países del mundo. La Medicina cubana se respeta en el mundo y Bolsonaro es un insolente. En verdad lo sentimos por Brasil y por los más pobres de su pueblo. Ahora estamos listos para seguir poniendo en alto el prestigio de la medicina cubana. Así le dije a Fidel, porque tan pronto llegué a Santiago de Cuba, al otro día fui a llevarle flores a su monolito. Él es el inspirador de todo lo que los médicos cubanos hemos sembrado en tantos pueblos del mundo.”

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