Tan pequeña y tan graciosa. Tan atrevida, con su lazo amarillo brillante en el pelo. Grethel Rachel Báez Corona declama las estampas que popularizó el acuarelista de la poesía antillana, Luis Carbonell, con la frescura que solo una niña de ocho años podría tener. Grethel mantiene viva una tradición que no podemos, de ninguna forma, perder.
El equipo de Sierra Maestra la conoció por casualidad. Se veía minúscula y a la vez enorme en aquel escenario del Teatro Heredia. Los adultos lloraban de la risa. “Esa niña se le escapó al Diablo”, comentó un colega. Así que la buscamos al final de la actuación y, muy humildemente, le solicitamos una entrevista a la estrella de la actividad. Y fue tan desternillante como verla actuar.
¿Cómo fue que empezaste a declamar las estampas de Carbonell?
Todo empezó porque mi mamá estaba montándole una estampa a mi hermano mayor para que la recitara. Él ahora está en Camagüey y tiene 18 años. Pero no se la aprendía, así que fui y le dije “¡Chico, pero qué bruto tú eres! Ya yo me la sé”. Fueron Los Quince de Florita. Yo tenía cinco años.
¿Qué es lo que sientes cuando te paras en el escenario?
No me da pena. Yo me encierro en mi corazón. Eso me lo enseñaron mis padres. Ellos se conocieron porque escribían cuentos y también recitaban. Y ahora son los directores de la Colmenita santiaguera.
¿Nunca se te ha olvidado un pedazo de poesía?
En una rendición de cuentas que me invitaron me olvidé del final de El Niño Valdés. Pero yo misma lo inventé.
¿A ti te gusta que la gente se ría?
Siento que se divierten y me divierto yo al mismo tiempo. Me gustaría que me hubiera visto actuar Luis Carbonell... o que me viera el hermano. No me pondría nerviosa.
¿El vestuario te ayuda?
Sí. Debe ser un vestuario adecuado a mi forma de ser. A veces creo que no me pega y digo que no. Me sentiría más insegura sin él. Es parte de la actuación. En “La Rumba” uso una falda que me arranco en plena poesía y me quedo con otra abajo.
¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Muchas cosas. Quiero ser teatrista, bailarina, artista de la plástica, doctora, ingeniera, conductora.
¿Y crees que serías feliz haciendo algo que no tenga que ver con subirte a un escenario?
Mira, yo podría hacer esas cosas, pero en mi trabajo voy a decir mis poesías.
Después de tan lapidaria seguridad no podemos hacer otra cosa que reírnos. Grethel tiene la inocencia de la niñez, un talento innato y la fuerza de saber que hace algo por los otros. Quizás no entienda todavía la necesidad de mantener un arte tan legítimamente nuestro ante la mediocridad generalizada que parece gobernar el mundo, ante el Internet y sus contenidos a veces tan superficiales, ante la vida y sus golpes. Ella siente, sencillamente, que hace reír. Y el instinto le dice que eso es bueno.